Memorias de un gigoló: capítulo 11

•26 Agosto , 2009 • 1 comentario

La fruta es sana, más cuando la acompañas de Champagne.

Apenas me había vestido y refrescado con un poco de agua fria y acabado de colocar mis ropas donde estaban cuando entré en el baño (o por lo menos en una posición parecida) salí del baño y esa lujuriosa mujer me estaba esperando en la puerta del buffet, con sus perennes sonrisa y mirada pícaras. Sin siquiera llegar hasta su altura en la puerta ella se movió y me mostró esa espalda que hacía pocos minutos se apollaba en mi pecho. Se dirigia a un coche negro andando siempre delante de mí haciendo que la persiguiera de cerca, acelerando mi paso para conseguir llegar junto a ella cuando se subía al coche.

Sentados en la parte de atrás, el chófer del coche arrancó y empezó su camino hacia un lugar al que yo desconocia, pero supuse que sería un hotel. Miraba distraidamente por la ventana y veia como se alejaba el edificio que albergaba el restaurante cuando sentí la mano de mi seductora acompañante que bajaba suavemente haciendo pequeñas curvas por mi muslo hacia mi rodilla. Giré mi cabeza esbozando una ligera sonrisa y me encontré sus labios y su cuerpo que se tumbaba encima de mi sin parar de besarme.

Todavía no había mi cuerpo dejado de sudar por el reciente deporte en el pequeño cubiculo del baño y casi sin recuperar el aliento ya tenia a esa mujer desvistiendome en el coche. La adrenalina golpeaba mi corazón y me nublaba el pensamiento, no pensaba ni en lo que había hecho ni en lo que iba a hacer, tan solo me preocupaba de encontrar los lugares por donde mis manos podian tocar su piel evitando el vestido. Los dos nos explorábamos incesantemente a través de nuestro tacto en los cómodos asientos y poco a poco la ropa iba volando hacia recónditos sitios del automóvil.

Llegamos a un pequeño hostal donde paramos en un control de entrada. El conductor de nuestro coche, del cual no me había acordado para nada debido a mis quehaceres en la parte de atrás, hacía los trámites necesarios para que nosotros pudieramos hacer uso de nuestra habitación. Mientras hundía mi rostro entre los senos de mi clienta y bajaba  poco a poco besandola delicadamente sobre su vientre, recreandome en subir y bajar mis labios, sintiendo la calided de su cuerpo en mi cara sentí como el coche se paraba y el motor se silenciaba lo que indicaba que habiamos llegado a nuestra habitación.

Ella cojió mi cara entre sus manos y me besó en los labios, apartandose de mi rápidamente colocandose (por decir algo) el vestido y saliendo descalza del coche, dirigiéndose hacia la puerta que el control del hostal había abierto remótamente. Salí del coche sin camisa y sujetando mis pantalones con las manos con el resto de mi ropa sobre mi hombro, coloqué el zapato que me faltaba (y por un momento pensé que se había tragado el coche) en su lugar y salí rápidamente hacia el interior de la habitación donde me esperaba mi clienta, desnuda y luchando con el tapón de una botella de champán. Me acerqué para ayudarla y mientras descorchaba el champán un trozo de de mango acababa mágicamente en mi boca empujado por unos dedos que me limpiaron suavemente mis labios cuando el trocito de fruta entraba en mi boca. No es que me apasione el mango, pero no era momento de protestar por nimiedades.

Ella me quitó la botella de mis manos y se dirigió hacia la cama, mientras la veia caminar me quité la poca ropa que ya me quedaba y me dirigí hacia la cama. Ella estaba de rodillas sentada sobre sus talones, mientras tomaba un sorbo de la botella y dejaba que parte del contenido de la misma recorriera su cuerpo. Mientras me acercaba podía observar como el liquido iba descendiendo por su cuerpo, con pequeñas burbujas se deslizaban acariciando la piel de sus pechos, llegando alguna oleada hasta su aureola derecha. Descendía todo el líquido por su vientre, rodeando o quedando atrapado en su ombligo para, una vez conseguida de nuevo la libertad, seguir bajando llegando a otros labios distintos de los de partida, cayendo desde ahí en pequeñas gotas hacia la cama, juntandose con otros surcos de líquido que llegaban desde la parte interior de los muslos.

Al apoyar mi rodilla sobre la cama, ella dejó su improvisado baño para dejar que me acercara, y al volver a besarla, saboreando el sabor del champán mientras pasaba mi lengua por su barbilla, sentí como el contenido del resto de la botella que empezaba a recorrer mi espalda y solté un pequeño grito al sentir ese tacto frío y húmedo. Tiró la botella y se recostó en la cama sonriendome, su mirada se me clavaba en mi ojos pidiéndome mas lujuriosa acción. Avancé sobre mis manos por encima de ella y lentamente me puse sobre su húmedo cuerpo sintiendo el calor que ella desprendía debajo de la capa de líquido.

Como mi trabajo me obliga a ser un caballero, me vi obligado a limpiar el champán que ella tenía por casi todo su cuerpo, así que empecé a recorrer su pecho con mi lenga, recreandome por unos momentos en sus pezones, lamiendolos y mordiéndolos delicadamente para pasar suavemente a la parte inferior de sus senos rozandolos con mis dientes simulando pequeños mordisquitos que rápidamente curaba con mis besos. Seguí bajando por su cuerpo, primero iba moviendo mis manos por el camino que luego seguiría mi boca hasta que llegué a la zona que se encontraba entre sus piernas, me deslicé en la cama y le besé la parte interior de los muslos, muy cerca de su vagina pero sin llegar a tocarlos, me recree en caricias en esa zona hasta que noté por su respiración que necesitaba un pequeño pasito más hacia arriba, abrí la boca y rocé suavemente con mis dientes sus labios, atrapando ligeramente por un momento su hinchado clítoris mientra sentía como salía un gemido de su boca.

Su cuerpo se arqueaba y veia como se acariciaba ella misma sus pechos mientras yo seguia mi trabajo con la lengua, lamía con fruición la parte interior de su sexo para luego volver rápidamente a las partes más externas, jugando con mi lengua con ellas y acariciandolas con mis dedos, a la vez que suavemente metía uno en su interior, el cual movía timidamente, sintiendo como me lo acogía dentro de ella entre su humedad propia y su calor interior que sentia latir entre mis yemas. Primero un dedo y luego dos se hicieron hueco en el interior que se abría con facilidad para permitirme seguir con mi juego de manos que consistia en acariciar y mover hacia dentro y hacia fuera repetida y suavemente, acompasadome con sus movimientos pelvicos.

Me erguí sobre ella disfrutando de su cuerpo, y de la pequeña mesa que estaba a la derecha de al cama, cojí y me coloqué rápidamente un preservativo (de dónde había salido, lo ignoro completamente) para rápidamente introducirme suave, pero firmemente dentro de ella hasta que por completo estuvimos unidos, momento en el cual los dos exhalamos un suspiro de placer, ella dobló sus piernas sobre mi espalda y me susurraba al oido pequeñas frases indicadome cuales debían ser mis siguientes movimientos. No es que necesite un mapa, pero siempre hay que ser amable cuando te hacen el favor de dar indicaciones, por lo que accedí y me esforcé en cumplir disciplinadamente todo lo que me pedía.

He de reconocer que mi lujuria pudo con mi mente lógica. En aquella noche, en aquella maratoniana sesión de sexo se me nublaron todos los sentidos y me perdí totalmente a la lujuria, el primer encuentro en el baño no había sido muy agotador, pero las caricias en el coche y los múltiples movimientos de los cuerpos en la cama mermaron mi razocinio. Sentia su cuerpo debajo de mí arqueandose y atrapándome muy fuerte con sus piernas, así como luego me cabalgaba como una amazona mientras sus uñas me arañaban mi pecho y mis hombros, todo traido bajo la excitación del momento. Tan solo pude descansar después de su enésimo orgasmo cuando me dejó a mi el placer de poder llegar al extasis de la situación, postrado detrás de ella, apoyados ambos en nuestro perfil izquierdo caí rendido sobre su sudoroso hombro, el cual besé delicadamente cuando empecé a recobrar el conocimiento que perdí durante unos segundos de clímax.

- ¡¡Eh!! ¡¡no te duermas que todavía no hemos acabado!!
- ¿Qué?

¿Era posible que todavía quisiera más?

Historias corticas (ii): Dudas que se esfuman en un susurro.

•3 Mayo , 2009 • Dejar un comentario

Dudas que se esfuman en un susurro.

Domingo, 12:30h

“Aiisss…. Ya empezamos… tengo resaca… creo… uuufff!!! Si, tengo resaca, joder, pues mira que ayer no bebí nada… creo… vale igual las 4 cervezas tuvieron algo que ver… aunque lo pasé bien si… por lo menos lo que recuerdo…

A ver, si levantándome un poco, aaasi. Bueno, recapacitaré: Son las… 12 y 35 de la mañana de un domingo y estoy  sentado en mi cama viendo como la luz entra entre los agujeritos de la persiana, y la verdad que me gusta esta pequeña claridad que no daña mis maltrechos ojos ni afecta a empeorar este dolor de cabeza, bufff… necesito agua.

Pues hala, en gallumbos me voy a beber algo de agua, menos mal que la casa está a oscuras, sino me quemaría como un vampiro, desde luego, que malín estoy. No siento ni el frio de las baldosas que piso. ¡Ay! ¡Pero esto que he pisado si lo he sentido! Desde luego no sé si me hago viejo, si me hago idiota o si directamente soy del género torpe. Al fin la nevera, parece que lleve andando tres días, ¿un vaso? Nada, agua fría directamente a la garganta desde la botella, mucho mejor.

Vale, ¿y ahora? ¿me vuelvo a la cama? No sé… es que está ella allí, que si, vale, es normal contando que la casa también es suya, pero… ufff… a veces parece que me cansa esta situación, no es que esté mal con ella, o eso creo. Joder, que difícil es todo.

Me vuelvo a la cama, que por lo menos puedo estar echado, y así la miro, aunque sea mal. Igual tenia que pensar que hacer, porque pienso que las cosas no pueden seguir así, vale que a veces estoy muy agusto con ella, eso es verdad, pero otras veces, no sé… ¿Cómo puede írsele la olla así? Que sí, que vale, que no soy perfecto, pero ella tampoco. No puede ser que por una tontería se me enfade, como el otro día, ¿que había hecho? Mierda, si casi no me acuerdo, y se me pone como una furia, además me empieza a sacar todas las cosas que he hecho mal en mi vida, ¿Cómo tiene tanta memoria? ¡Si yo no me acuerdo de lo que bebí ayer!

No, no, no, no puede seguir esto así. Voy a hablar con ella, pero además, me pondré muy serio, aunque probablemente haya que tomarse un tiempo. Pero tiene que ser así, todas las demás mujeres que conozco, dudo que están tan chifladas como ella. No puede ser, que tenga que aguantarla por ningún mandato divino, así que tendré que hablar muy seriamente.

Claro que… también otra veces, no sé, ahora viéndola dormir plácidamente, su pelo, sus facciones, el cuerpo, que si bien no lo veo, lo conozco muy bien… también es fácil recordar los momentos en que nos besamos, nos acariciamos y bueno, verla reir hace que mi corazón se exalte.

¡No! Pero ya me engaño a mi mismo, entiendo que no conozco a ninguna mujer que me guste físicamente como ella, y pocas que me llamen la atención por la forma de ser, pero mujeres en el mundo hay muchas. Que probablemente ella sea distinta a muchas… pues… vale, tampoco le vamos a decir que no… ¡pero da igual! Puedo encontrar a otras muchas. Aunque no sean exactamente iguales.”

-          Mmm buenos días… tengo sueño (mirala, ¿y que crees que tengo yo?
-          Buenos días (disfruta porque ya verás lo que te queda hoy)
-          ¿Sabes una cosa? (a saber que me dice ahora, igual hasta me cae una bronca por levantarme antes)
-          ¿Qué?
-          Te quiero.

“Estar enamorado significa exagerar desmesuradamente la diferencia entre una mujer y otra”
Jean Baptiste Alphonse Karr. Escritor francés.

Historias corticas (I): Amor loco.

•15 Abril , 2009 • Dejar un comentario

Amor loco

“Acostado en la asquerosa cama, no puedo dejar de sudar. ¿de sudar? ¡No puedo dejar de pensar en esa extraña mujer! En la completa oscuridad siento como las curvas de su ropa se agolpan en mis neuronas con frenética intensidad, su mirada, sus ojos, el sonido alegre y cálido de sus palabras hacen que me vuelva loco, ¿estoy enamorado? ¡no lo sé! ¿qué coño me pasa?, cuanto más tiempo paso a su lado, esperando ese pequeño, sutil y eléctrico roce con su cuerpo, más me cala este sentimiento que exprime mi corazón, seca mi cerebro y me hace padecer la larga enfermedad de no tenerla a mi lado.

Joder, cierro los ojos y la veo, abro los ojos y se me refleja en la pared. ¿Cómo escapar de mis propios pensamientos?¿Cómo escapar a la añoranza de la calidez de su cuerpo? ¿Dónde está la salida a la escasez del roce de su suave piel?¿Acaso puedo esconderme de la dulzura de sus ojos, de la frugal textura de sus labios o de la belleza de su sonrisa? Todas estas imágenes acampan dentro de mi cabeza dificultándome el respirar, haciéndome sentir un dolor que me atraviesa la tráquea hacia mi columna. Millones de lágrimas recorren mis parpados incansablemente hasta que extenuado entre sollozos me quedo dormido.

Las horas no transcurren, las padezco. Sentado en este pequeño cubículo que me hace de cárcel no puedo hacer otra cosa más que adentrarme en las profundidades del abismo de mis lamentos. Aun rodeado de millones de personas me seguiría sintiendo en la más absoluta de las soledades. La luz entra por la ventana proyectando los cuadrados de la ventana en la pared que se sitúa delante de mi cuerpo. Algunas veces veo sombras del exterior que mi enferma mente las curva en las formas de aquella mujer una y otra vez. El cansancio de ¿días? ¿meses? dormitando a duras penas hace que la fantasía y la realidad, el sueño y la vigilia se entremezclen y el mundo de mi alrededor vaya a velocidades diferentes.

Mis parpados se me cierran y parece que vuelvo a soñar. Otra vez ella, esta vez acercándose hacia mi lentamente. Es una tarde lluviosa y se acerca hacia donde yo estoy, me encuentro cobijado debajo de un soportal que me permite refugiarme de la lluvia mientras mi corazón se me acelera al verla. Su pelo castaño completamente empapado hace de tobogán para el agua de lluvia que cae sobre ella lateralmente. Me mira con sus pequeños ojos verdes mientras esboza una sonrisa al visualizarme en mi refugio y respondo con otra. Está totalmente empapada, tiembla de frío y le tiembla la voz al hablar, pero sigue siendo preciosa. Al encontrarnos nos fundimos en un beso, siento mis labios tocar con la humedad de los suyos y la abrazo mezclando el frío de su ropa mojada con el calor de nuestros dos cuerpos juntos. Nunca me cansaré de besarla una y otra vez.

¡Maldigo a todo y a todos! ¡Odio al mundo, a los Dioses y a todos aquellos que no me permiten estar junto a ella! ¡Mataré!¡Os mataré a todos si hace falta solo para verla una vez más!¡Todas las condenas del infierno son pocas en comparación a no verla nunca más! ¡Subiré a los cielos y arrancaré el corazón de aquellos que no me permitan estar junto a ella!¡Desafiaré a los mismos señores divinos!¡Recorreré el Hades y me enfrentaré a todos sus demonios!¡Acabaré con mis manos manchadas por la sangre de las almas que no me dejen acercarme a mi diosa! Juro desde esta penumbra que no existirá para mi ninguna clase de vida en este mundo o en el siguiente que merezca la pena ser vivida si no es junto a ella.

Otra vez los recuerdos. Aquel campo de verde hierba sobre el que nos echábamos uno junto al otro y hablábamos de nuestros planes futuros mientras nos acariciábamos interminablemente. Nos besábamos lentamente, sintiendo el roce suave de nuestros labios y la cálida humedad de nuestras lenguas cuando se juntaban y jugaban traviesas. Entrelazábamos nuestros dedos fuertemente para no separarnos nunca más. Dormitábamos ambos mientras yo recorría mentalmente mi gozo de sentir aquella cabeza que se apoyaba cómodamente en mi pecho y oír esa respiración pausada y tranquila que me relajaba y me permitía soñar con la alegría que me inundaba al paso de los días junto a ella.

¿Qué he hecho? decidme, ¿qué he hecho? ¿por qué este castigo? Renuncio al poder, a las riquezas, a todo por ella. ¿Por qué hacerme pasar este sufrimiento? ¿cuál fue mi pecado? ¿tan grande fue el delito cometido que no se me permite ni la más mínima esperanza? ¿tanto daño hacíamos tan solo por ser felices? ¿tan solo por amarnos? Los segundos en los que estábamos separados eran años de soledad y tristeza en nuestras mentes ¿fue ese nuestro gran pecado?

Ahí está de nuevo. Se despierta en la cama, sé que bajo esa fina sábana ella está desnuda. Podría pasar vidas enteras tan solo mirandola dormir desnuda, ver su cuerpo durante eones sería para mí el tormento más preciado. Se despereza lentamente tapando su piel juguetonamente con la sábana y me acerco a ella. Paso mi mano por su estómago mientras me coloco junto a ella debajo de la sábana sin dejar de mirarla, y sin que ella me deje de mirar. Mientras nos fundimos en un abrazo nuestras voces resuenan calmadamente, dejando trozos de nuestra alma en ellas: “te quiero”.

Vuelvo a verla, pero mi cuerpo se estremece, ella me sigue sonriendo pero mi cuerpo suda. Las imágenes de mi cerebro vuelan por detrás de mis parpados, me duele la cabeza, me la agarro con mis manos, siento un dolor ingente que me hace gritar. Mi cerebro presiona las paredes craneanas y mi visión se nubla y siento como me desmayo y mi cuerpo golpea fuertemente el baldosado suelo.

Todo se vuelve oscuridad, no sé qué ha pasado, sólo sé que ella se ha ido de mi lado para siempre, no volveré a oírla, a verla o a sentirla, solo podré recordarla.

Abro los ojos, sudo, quiero gritar, voy a gritar:

¡¿POR QUEEEE?!

¡¡¿POR QUEEEEEEEEE?!!

¡¡¡¿POR QUÉ NO PUEDO TENERLAAAAA?!!!”

-¿Qué son esos gritos? Parece que estamos matando a alguien.
-Celda 247, su novia murió hace un año.

Armin van Buuren feat. Sharon den Adel – In and Out of Love

Memorias de un gigoló: capítulo 10

•25 Marzo , 2009 • Dejar un comentario

Capitulo 10 – Los límites del cuerpo

“Joven y viciosa busca llegar al límite de sus expectativas con un chico, no importa edad ni nada”

Mi cara era un poema. No podía suceder que la agencia se equivocara mandando el correo electrónico. Básicamente porque era solo de chicos,  así que sin pensar ni un momento en lo raro que era decidí decir que sí. Aparte de la inconsciencia habitual de mi ser ya conocida, esta vez se unieron las prometedoras fotos de la chica y que más raro de lo que me había pasado estos dias, tampoco iba a ser suponia yo.

A decir verdad en mi cabeza tenía la sensación de que sería mentira y me tocaría zumbarme a una anciana chistosa, pero como al fin y al cabo mi trabajo consistia usualmente en cosas así, no era el momento para plantearme cosas tan mundanas como mi alquilada vida sexual. Total, ya sabía lo que iba a hacer el día siguiente, miré el reloj y me fui a dormir.

Las siete de la tarde. En casa vestido con solamente una toalla y tirado en el sofá como una alpargata vieja me apetecía tanto levantarme y acabar de vestirme como sacarme un ojo… incluso creo que apetecía menos que sacarme el ojo, al fin y al cabo tengo dos. Toda la sangre que había recorrido mi entrepierna cuando acepté el encargo al ver la foto de la chica estaría ya en los pies como muy arriba y las pocas ilusiones que me concedí el día anterior estaban ya por saturno de lejos. Pero el dinero es el dinero y el trabajo lo proporciona así que me levanté y me vestí haciendo un esfuerzo sobrehumano tanto como para prepararme como para dejar de pensar estas gilipolleces.

Un buen rato después, ya en el taxi donde más que sentado iba tirado en el asiento posterior. Oía superfluamente una historia que me importaba muy poco sobre la mujer y los hijos de mi momentáneo chofer llegando a mi destino cuando ibamos por sus problemas con la odiosa suegra (según él) de mi conductor. Pagué y entré en el restaurante en el que ejercería la primera parte de mi trabajo nocturno: cenar.

El restaurante era un buffet libre nada ostentoso pese a un cuidado estilo en sus mesas y en su decoración. Se componía de una gran sala con mesas de 2, 4 y 6 comensales iluminadas por bombillas cuya luz se suavizada por la leve opacidad de los cristales que las rodeaban. Las mesas tenian un mantel rojo oscuro y un cubremantel también de tela blanco con cubiertos, platos  y copas perfectamente alineados aguardando por sus futuros comensales. A la izquierda estaban las fuentes repletas de comida que la gente se servía en sus platos una y otra vez y a la derecha se extendian hasta el final las mesas de la sala donde yo buscaba a mi clienta. Fue entonces cuando vi algo que no me esperaba, sentada 6 mesas al fondo  se encontraba una chica sonriente mirando hacia mi, exactamente igual (si no más guapa) que la foto que había recibido por correo electrónico.

Mientras mis zapatos pasaban las pequeñas baldosas veteadas en mi cabeza intentaba encontrar una lógica de la situación. Una chica como la que me estaba acercando podía encontrar muchos chicos sin recurrir a pagar mis emolumentos: constitución delgada, pelo caoba oscuro cortado por debajo de su cuello envolviendo una bonita cara redonda de ojos color miel y una de esas bocas que nunca te cansas de besar.

- ¿que coño pasa aquí?, no lo entiendo… – me susurré en voz baja a mí mismo al acercarme.

Sus facciones se configuraron de forma que me enviaron una mírada pícara mientras se pasaba la punta de los labios por su labio superior avanzando hasta humeder ambos y volver a sonreir mostrandome tímidamente sus dientes. Me fijé en su tez clara que acababa en un vestido que permitíaa ver sus hombros y sus brazos además de un generoso escote donde se ocultaban dos apetecibles, pequeños y firmes senos. Ya casi llegaba hasta su localización cuando se levantó suavemente y me permitió ver la parte oculta por la mesa. Nada de esa mujer desmerecia una profunda y atenta observación: cintura pequeña y piernas largas estilizadas por sus tacones. Aquello no podia ser verdad, me cuestioné hasta la posibilidad de una cámara oculta en el bar llegando a buscar alguna mirada complice por la que pudiera empezar a sospechar (no hace falta decir que allí todo el mundo se dedicaba a degustar comida hasta reventar sin preocuparse lo más mínimo por nosotros).

- Hola, ¿que tal?, vaya… eres preciosa… no me lo esperaba – dije todavía sin dejar de asombrarme (de hecho, creo que no la guardaré en la memoria como mi mejor frase de presentación).
- Jajaja, que adulador, ¿eso es lo primero que siempre les dices a las mujeres que te contratan cuando las ves? -  me preguntó de forma curiosa y alegre.
- Pue sí, pero es raro que se lo tenga que decir a una mujer como tú que baja 40 años de la media de mis clientas.
- ¡Uy! creo que te lanzas mucho adulando, me acerco a la treintena peligrosamente.
- Pues lo que yo te digo, 40 años menos…

Así empezó nuestra conversación que no interrumpiamos ni siquiera para recargar nuestros platos. Ciertamente impresionaba ver a esa menuda mujer comer tanto, así en su enésimo viaje a por comida yo me tuve que dar por vencido y esperar sentado su regreso. La veía grácilmente andar alrededor de las fuentes de comida que analizaba para escoger su próximo bocado, sin embargo, algo perturbaba mi mente, algo raro tenía que haber y no lo encontraba por ningún lado. Atractiva, joven y al parecer una persona alegre y simpática, ¿por qué había contratado mis servicios? Desde luego no me quejaba de la aparente suerte que había tenido al descubrir tal hallazgo, pero empezaba a plantearme ideas más estrambóticas que variaban entre mi cuerpo aparecido sin un riñón en cualquier oscura esquina, hasta acabar en una ceremonia de adoradores satánicos con mis tripas repartidas en un altar en forma de pentáculo invertido.

Estaba enfrascado en estos extraños pensamientos cuando volvió ella y retomamos nuestra conversación durante unos instantes hasta que me tuve que levantar y dirigirme al aseo, “disculpame, mucho vino” le dije y ella me sonrió mientras me iba. Entré tranquilamente en el baño y me dirigí a uno de los cubículos. Levanté la tapa (¿qué clase de tio baja la tapa?) me bajé la bragueta y tranquilamente me puse a evacuar líquido amarillo. Justó acababa cuando oí como la puerta del aseo  se abría pesadamente, lejos de inquietarme volvía a colocar mi herramienta de trabajo en su lugar dentro de los gallumbos y me disponia a subirme la cremallera cuando dos manos en mi espalda me giraron contra la pared derecha del cubículo donde acabé apoyado con mis manos y mi espalda al perder el equilibrio. Mis ojos vislumbraron a la misma mujer que había dejado en la mesa pero jadeante, con sus pezones erectos debajo del vestido y un brillo de lujuria en los ojos.

-Te toca ganarte el sueldo – no habia terminado de pronunciar las palabras y yo ya teníaa su lengua en mi boca jugando con la mia, pero incluso antes de eso su mano me acariciaba dentro de mi ropa interor.

Nuestras cálidas y jugosas lenguas jugaban incesantemente mientras ella acariciaba mis testiculos apretandolos suavemente haciendo que mi erección cada vez fuera mayor. Se separó, me quitó los pantalones y se agachó para lamerme de arriba abajo mi miembro viril. Dos pasadas de su lengua desde el principio de mis testículos hasta el final de mi falo bastaron para sacarme un suspiro, volvió ella a levantarse y me colocó un preservativo que todavía no sé de donde apareció.

Volvió a besarme lascivamente mientras terminaba de colocarme el condón perfectamente y se dió la vuelta mientras me dedicaba una intensa mirada con sus ojos comunicándome que estaba ávida de sexo. Se apoyó en la pared con sus manos y curvó su espalda para mostrarme la parte posterior del vestido que tapaba sus separadas piernas y su culo. Subí rápidamente su vestido para darme cuenta de su carencia de ropa interior, separé sus nalgas para ver sus labios íntimos y lamí  lentamente su húmedo orificio sintiendo su clitoris en primer lugar y luego la abertura que discurria entre sus carnosos labios. Me levanté y me coloque en posición para penetrarla lentamente. Centímetro a centímetro iba entrando dentro de ella mientras sentía un suspiero de placer que se ahogó cuando llegué a lo más profundo. Empecé a entrar y salir pausada pero rítmicamente mientras sujetaba entre mis manos las perfectas nalgas de la mujer que tenia delate de mi sintiendo su humedad mientras me deslizaba en su interior..

Mis manos subieron a sus hombros para intentar desplazar suavemente los tirantes del vestido de sus hombros, al sentir mis manos, adivinó mis intenciones y se irguió haciendo que yo doblara mis rodillas levemente para mantenerme en su interior. Una vez libres de su textil prisión acaricié sus pechos mientras besaba su cuello sintiendo en mi mano izquierda los rápidos latidos de su corazón que se emitiían debajo de su piel. Jugaba con sus pezones mimosamente cuando me cojió mis manos y las apretó contra su busto acelerando su ritmo con las caderas.  Buscaba ansiosamente una penetración más profunda presionando cada vez con más fuerza sus nalgas contra mi pelvis, haciendome sentir lo más profundo de su sexo en la parte superior de mi glande. Me hizo con su presión doblar más las rodilas, y perdí nuevamente el equilibrio dentro  del pequeño cubículo. Solté sus senos y me apoyé en la pared del aseo y en la puerta del mismo con mis manos para reestableer mi equilibrio. Pudiendo desde esa posición doblar más las rodillas y levantar mi cadera para facilitar que ella consiguiera lo que buscaba.

Al completar los movimientos para  la nueva posición aumentó aún más la velocidad golpeando mi pelvis más fuerte, con un ruido que alertaria a cualquier tipo que entrar a satisfacer sus necesidades, lo cual empeoraba contando que no habiamos puesto el pestillo a al puerta, este hecho me produjo todavía más excitación, haciendome suspirar varias veces por la situación. Ella apoyó derrepente su nuca en mi hombro.

- ¿Acabas conmigo?
- Lo que sea para ganarme el sueldo. – dije esbozando una sonrisa.

A partir de aquí conjugamos nuestros movimientos más salvajes para una penetración máxima, al ruido del choque de nuestros cuerpos (el cual yo calculaba que se oiría desde las mesas a estas alturas) se unieron gemidos imposibles de acallar por parte de nuestras bocas, hasta que llegó el clímax final.

-¡Ahora…! – se ahogaba su voz. Separé una de mis manos de la pared y la cojí por la cintura para moverla a mi placer, mientras sentía como el cuerpo de ella se empezaba a relajar después del orgasmo fue mi turno. La presión que sentía se liberó haciendome aprisionarla con mi mano hacia mi cadera mientras mis ojos se cerraba y durante una centésima de segundo perdía el conocimiento.
- Joodeeer -dije retirandome de su interior – esto creo que es nuevo para mí, usualmente mis clientas esperan al hotel.
- Pues (suspiro de agotamiento) vete preparandote (otro suspiro) que todavia te queda más para conseguir tu paga.

Esto habian sido los entremeses, luego vendrán los postres…

Memorias de un gigoló: capítulo 9

•24 Febrero , 2009 • Dejar un comentario

Capítulo 9 -  La otra cara de la excitación -

“Vamos a ver”, pensé, “Son las 5 de la tarde, llevo dos horas enfundado en una mierda de disfraz de algo que se le parece a un conejo haciéndole caso a un tío que se cree el Francis Ford Coppola del porno amateur en una estupidez que se supone que será una película para que se lo monten los sábados por la noche (o cuando se lo quieran montar que ciertamente es algo que a mí me la resbala bastante)”.

- Toma ponte essto para la ssiguiente esscena, machote.

Ese último machote sobraba bastante. Cogí en mis manos la prenda que me había dado y al observarla me di cuenta de que aquello era tremendo. Un pequeño tanga de cuero con un pompón haciendo de supuesta cola de conejo. Pensé en decirle como se iba a arreglar para unir con lógica que primero tuviera un traje de conejo, luego un tanga con la cola y luego nada pero me di cuenta de que todo lo que pudiera hacer en esa dirección repercutiría en más escenas que yo tendría que hacer o, en su defecto, en más trajes estúpidos que yo me tendria que poner, así que dejé a un lado mis desavenencias personales con el guión y me puse el tanga que, por si fuera poco todo lo anterior, me venia pequeño.

Así, con un malestar en mi zona testicular llegué a la habitación contigua donde se encontraba Cuchi. Allí esposada a la cama (lo cual me hizo rememorar situaciones en las que yo era el que estaba así) con las piernas abiertas. Desnuda pude ver su cuerpo que no era gran cosa (para mi desgracia, de aquel día no se iba a salvar nada): pechos algo caídos, barriguilla que habia dejado de ser “levemente prominente” y un sexo no muy bien depilado (de hecho nada bien) me esperaban espatarrados en la pequeña cama. El director de aquel ambiente me dió el guión para esa escena que remiré y como siempre asquee, así empezábamos la siguiente escena.

- En el planeta de los conejos folladores las conejas empiezan siempre comiendo zanahoria – dije intentando poner énfasis y sentimientos en la frase, sintiendo el regusto que le proporcionaba a mi cliente oir sus palabras en mi boca. Desde luego que lástima de frases…

Así empecé, quitándome el tanga (y liberando al fin mi aparato reproductor de su prisión de tela) y acerqué mi miembro a la boca de mi clienta. Gracias a la madre naturaleza tengo la capacidad de excitarme en segundos (y además independientemente de lo que tenga delante de mí) así que entre que me despojaba del tanga y mientras recorría la distancia a la boca de mi clienta tuve un pequeño lapso de tiempo que me permitió llegar ya con una erección incipiente y mientras Cuchi se afanaba por lamer todos los rincones de mi verga, ésta se ponía más dura y erecta, así, cuando ya llevaba recorrida toda ella con su lengua y giraba su boca para acaparar todo lo posible yo ya estaba en todo mi esplendor fálico. Vi como mi cliente se colocaba la cámara en su hombro así que empezó a girar para enfocar perfectamente el trabajo salivar que yo recibía en ese momento. Él se colocó al otro lado de la cama pudiendo yo colocarme más cerca de mi clienta permitiéndola aumentar sus esfuerzos además de hacer estos más simples. Lamía todo mi sexo una y otra vez llegando hasta mis testículos que besaba tiernamente. Volvía entonces su camino y capturaba mi glande en su boca, haciéndome sentir la calidez de la misma y el jugueteo de su lengua contra mi frenillo.

-Vaaale!! -  gritó mi cliente convertido en director al que se le dibujaba una gran sonrisa en la cara y un bulto considerable en la entrepierna. Eso era bueno, le estaba gustando mi actuación estelar.

Pasamos entonces a la siguiente escena de su tórrida película: a partir de ahora no habría que decir más frase (¡al fin!) y solo había lugar para “loss gemiditoss” que pudiéramos dar. Cambió mi clienta su posición colocándose a cuatro patas apoyándose con sus brazos en la cama y sus pies en el suelo. Me coloqué detrás de ella mientras me enfundaba con un preservativo. En el momento en el que sentí a mi cliente decir “acción” acaricié el sexo de mi clienta para comprobar que estuviera bien lubricada y una vez hecho esto (la comprobación fue muy afirmativa) la penetré lentamente sintiendo como su cuerpo se excitaba ante mi presencia dentro de ella. Una vez llegados al punto en el que sus nalgas tocaban mi cintura empecé a moverme más rápidamente sintiendo como sus jadeos se aceleraban acompasadamente con mis pequeñas embestidas.

- ¡¡Un momeeentiitoooo!! – Dijo la voz de mi cliente, obligándome a quedarme quieto con mi todo mi sexo dentro de su mujer, sintiendo el calor y las contracciones del sexo de ella contra el mío -  veráss…. creo que necessitaríamoss que fuerasss assí como máss rápido, como un conejo…
- Ehh… bueno… puedo hacerlo…

Volvieron las cámaras a rodar y cogiendo sus caderas empecé a penetrarla más rápido y fuerte. Vi como sus manos agarraban la colcha de la cama apretándolas fuertemente estirando toda la tela mientras su cuerpo se estiraba y retorcía al aumentar sus gemidos. Cada vez le gustaba más a mi clienta y su cuerpo me lo hacia ver, mis manos apretaban suavemente su piel mientras la iba moviendo poco a poco más rápido. Llevabamos unos minutos así cuando una de las manos  de mi clienta cogió mi mano apretándola, exigiendo que la agarrara más fuerte. Debido a su excitación empezó a gemir más alto y dobló sus codos al volver con su brazo una vez que le satisfacía la presión que ejercía sobre su cadera con mis manos. Arqueaba su espalda y agarraba con sus dos manos un trocito de tela que estiraba con pasión cerca del punto de rotura. Cada vez la penetraba más rápido y duramente, hasta que volvió la voz que me hizo desconectar.

- Un ssegundiiitooooo!! – ess que estoy mirando la escena y no me convence del todo… veréis…
- ¿¿Quieres dejar que me la siga metiendo y estar callado?? – Se levantó mi clienta de la cama gritándole eufórica – A este tío le pagamos para follarme, no para ser tu puto actor en tu puta película. Así que tú vas a rodar y este y yo vamos a follar como bestias, ¿está claro?
- Si señora – contestamos al unísono mientras nos mirábamos con cara de estupefacción.

Aquí la situación ya cambiaba a bastante mejor. Primero no iba a haber molestas interrupciones sobre la fotografía de la estampa y por lo demás, ya tenía una clienta entregada a la situación. Mi clienta regresó a la cama y esta vez dobló sus rodillas al borde de ésta situando sus antebrazos en la cama. Se estiraba de forma que llegaba hasta el otro lado de la cama donde sus manos se doblaban para asirse al colchón. Abría sus piernas bajando levemente la altura para facilitarme a mí que volviera otra vez a penetrarla desde donde yo estaba. Me coloqué de nuevo detrás de ella, con mi mano derecha toque su sexo acariciandolo suavemente, humedeciendolo completamente con sus propiso jugos tocando suavemente su clítoris con mis húmedos dedos hasta que me acerqué y nuevamente la penetré lentamente, entrando y saliendo centímetro a centímetro sintiendo el caluroso y húmedo abrazo de su sexo con el mío. Coloqué mis manos sobre sus nalgas y aumenté mi velocidad paulatinamente sintiendo como la excitación de mi clienta iba en aumento nuevamente. A mi lado empecé a sentir la presencia de mi cliente filmando con una mano como yo tenía sexo con su mujer y mientras él se frotaba con la otra mano su entrepierna. En ese momento miraba para la cámara mientras ponia mis manos a los lados de los labios inferiores de mi clienta, apartaba así levemente la piel de sus nalgas permitiéndome una penetración aún más profunda, el cuerpo de mi clienta exigía más velocidad y así me lo hacía entender moviendose y golpeando contra mi cadera, así comencé a ir más rápido y sobre todo más fuerte.

Cada vez oía más los gemidos de mi clienta que conjugaba con pequeñas blasfemias de excitación. Cuando me puse a mirarla vi como su marido estaba delante de ella grabándola pero con la cámara enfocando hacia abajo, ladeándome levemente sin dejar el ritmo que se me imponía vi lo que pasaba: Mi clienta se apoyaba en una mano en la cama y con la otra se afanaba en desabrochar el pantalón de mi cliente. Una vez consiguió quitar todos los botones bajó el pantalon y la ropa interior de él de un solo movmiento dejando libre la erección de su marido. Así empezamos un ritmo frenético en el que yo la penetraba por detrás mientras ella succionaba el miembro de su marido el cual se concentraba en seguir grabando la situación mientras recibía las cálidas caricias de la lengua de mi clienta.

Paró mi clienta la situación haciéndome salir de su interior y se giró completamente. Me miró con sus ojos lascivos para que volviera a penetrarla en la nueva posición mientras ella seguia su labor con su conyugal pene. Me apoyé con mis manos en la cama y comencé de nuevo con mi placentero oficio apoyado con una mano en la cama, con la otra acompañaba intermitentemente mis embestidas frotando su clítoris delicadamente, cada vez que hacia esto sentía como ella emitía un gemido acallado por el miembro de su marido en su garganta. Apoyé mis manos en sus rodillas y me coloqué de forma que pudiera penetrarla más a fondo: empecé suave para no infligir dolor en ella pero rápidamente ella movió sus piernas haciéndome perder momentáneamente el equilibrio teniendo que volver a colocarme en la cama para no caer encima de ella. Mientras yo volvia a recuperar mi estabilidad ella cruzaba sus piernas tras de mí apretándome en la base de la espalda con sus pies para que la penetración fuera más profunda. Así me movía con fuerza haciendo que me sintiera en su interior lo más fuerte posible cuando ella cogió el sexo de su boca con la mano y empezó a gritar que siguiera, a la vez movía firmemente su mano a lo largo del miembro de mi cliente que pocos minutos después la avisó de que llegaba a un orgasmo: ella aumentó más la velocidad haciendo que él se corriera en su canalillo repartiendo por sus pechos las ultimas gotas que mi cliente emitía por su verga.

Yo todavía podía continuar en esa postura un rato pero mi clienta tan solo me dejó un pequeño momento más hasta que me ordenó que me corriera en su estómago. Su marido se colocó a un lado de rodillas en la cama para poder grabar la escena con nitidez y yo saqué mi miembro, le quité el preservativo y empecé a masturbarme hasta que sentí que me iba a correr. Me coloqué encima de su estomago y allí solté mis jugos internos. Me apoyé levemente en la cama volviendo a coger el aliento y me erguí de nuevo. Mi clienta jugaba con ambos fluidos exhausta mientras el director de la íntima película apagaba la cámara y se iba a colocarla en su lugar encima de un trípode, apagando a su vez la cámara fija que había grabado toda la escena.

Por lo demás ya solo me quedaba vestirme e irme, lo que incluyó también rehusar a una invitación a cenar. En ningún caso hubiera aceptado tal invitación ya que no dejan de ser clientes pero reconozco que en esta situación una vez cumplido mi cometido no quería escuchar ni ver a aquellas dos personas ni un segundo más. Así que pedí un taxi me despedí de mis clientes y me fui hacia mi casa.

Llegué a mi casa y encendí la televisión, mi equipo de audio y mi portátil. Aunque no cojo dos trabajos al día si es verdad que suelo mirar los demás trabajos que hay por dos motivos: Uno por cotilleo simple y otro porque en algunas ocasiones hay trabajos para el día siguiente, normalmente si tienen alguna dificultad intrínseca (ya sea por exigencias o por escrúpulos, razones por las que nadie coge los trabajos y pasan al día siguiente aumentando su gratificación) o por ser pedidos con anterioridad. Así iba pasando los correos electrónicos del día y encontré uno que me era sugerente.

De hecho, yo diría que era muy sugerente…