Memorias de un gigoló: capítulo 3
Capítulo 3 – Las habitaciones tienen historias -
Llegamos al hotel y los dos nos bajamos del automóvil, noto que ella cada vez está mas nerviosa a la par que ansiosa ante lo próximo que acontezca. Sin embargo, se calma levemente al contacto con mi piel mientras yo voy a por la llave de la habitación. Entramos en el ascensor y nos miramos fijamente, no se oye más que el zumbido de las puertas que se cierran, no hay lugar para la vuelta atrás y no existen palabras que deban de ser pronunciadas. Mientras el ascensor empieza su ascensión vuelvo a sentir su brazo debajo de mi piel y ella gira su cabeza mirándome a los ojos. Tras unos segundos mirándonos fijamente noto su nerviosismo a la par que su excitación, me acerco, miro sus labios que se entreabren mínimamente y vuelvo a mirarla fijamente.
Mientras ella empieza un leve suspiro por la tensión sexual del momento paso mi otra mano por su cintura y me acerco sin dejar de mirarla, ella gira lentamente su cara esperando por lo inevitable. Nuestros labios conectan una vez, se alejan y vuelven a fundirse para esta vez dejar paso a que nuestras lenguas se entrelacen. Húmedas y calientes juegan un pequeño baile, lento, acompasado y tierno. Sin apenas separarnos nos fundimos en otro beso que acompañamos con nuestros cuerpos, uniéndose en perfecta sintonía. Mientras la beso mis manos recorren su espalda en sentido descendente sintiendo como su cuerpo se eriza y su respiración se entrecorta, así llegamos a nuestro piso y las puertas del ascensor se abren.
Salgo el primero del ascensor sujetando su mano y me dirijo a nuestra habitación con paso firme y decidido, ni siquiera necesito mirarla, se que me sigue como una obediente niña. Al entrar enciendo la luz, el interruptor es una rosca que permite una intensidad variable de la luz, y así la dejo al mínimo. Las sombras de la noche se desdibujan tenuemente por el dorado de las luces situadas a los lados de la gran cama matrimonial y sobre el centro de la estancia. La luz es perfecta, nada queda para la imaginación pero todo queda para la magia. Cierro y me dirijo a mi clienta desde su espalda para quitarle el caro abrigo, ella se deja hacer y mientras me voy a un lado ella se queda en el centro de la habitación, dirimiendo e intentando asumir lo que va a hacer. Antes siquiera de haber pensado mínimamente las opción de echarse atrás yo ya he dejado su abrigo y mi chaqueta. Estoy frente a ella acercándome de manera poderosa ante sus ojos, en su mente no existe nadie más que yo y cuando llego a su vera nos fundimos en otro apasionado beso. Los escasos sonidos de la noche entran desde la ventana pero nos llegan como un silencio absoluto, en este momento para ella y para mi no existe más mundo que nosotros dos, no hay problemas, no hay maridos, no hay trabajo, ni siquiera existe la leve consciencia de la habitación que nos rodea, tan solo el calor de nuestros dos cuerpos juntos. La miro a sus ojos y esbozo una pequeña sonrisa que ella, ya con una pequeña mirada picara y las mejillas ardientes de la excitación me devuelve. Giro alrededor de ella y mientras la beso en el cuello le desabrocho su camisa acariciando al pasar mis manos sobre los botones sus redondos pechos por encima del sujetador, mis manos hábiles hacen que la camisa caiga rápidamente en el suelo y mientras ella apoya su cabeza sobre mi hombro para dejar que mis labios sigan su sutil trabajo sobre su cuello desengancho el cierre de su sujetador dejando su torso desnudo al cálido abrazo de la pasión.
Desde mi posición puedo ver sus pequeños pezones enhiestos y noto ya mi erección que ella se afana por frotar desde hace unos momentos. Dándole media vuelta, antes siquiera que pueda tocarla ella me desata con presteza los botones de mi camisa para dejar mi pecho al aire, me acaricia la zona abdominal y pasa sus manos por mi pectoral derecho. Su mirada se aleja mucho de la primera vez que la vi y me senté en frente de ella, ahora es una mujer dominada por una excitación casi animal que clama porque la haga mía. Ella misma se quita la falda junto a las medias a la vez que torpemente se dirige hacia la amplia cama. Mientras ella lucha por desnudarse lo más rápidamente posible me quito los pantalones y los zapatos tranquilamente, quiero que ella me desee como a nadie, quiero que la excitación la haga gritar y gemir tan solo por sentirme cerca y quiero disfrutar de ese momento en el que una mujer centra su necesidad y su lívida obsesión en mi.
Una vez que ella está tumbada la observo: es una bonita mujer que lleva ganando su particular batalla a la edad, de tez morena, bonitos senos redondeados en los que alzan unos pequeños pezones rodeados por una minúscula aureola oscura, un vientre plano y liso que lleva hasta un sexo rasurado. Observo su cuerpo mientras se mueve exigiéndome que me acerque y la penetre. En mi análisis veo que las facturas de la edad parecen haberse olvidado de ella excepto en unas pocas marcas por su piel. Me coloco sobre ella y le beso el pecho, desde el centro hacia los lados acariciando con mis manos el resto del cuerpo, siento sus gemidos, su respiración acelerada y sus exigencias a las que hago caso omiso. Yo soy el profesional, yo mando en esa situación y ella es mi dominio. No hay lugar por el que mis manos no pasen ni lugar por donde su piel no entre en contacto con la mía y sienta su reacción bajo mi mano. Me acerco por un lateral mientras la beso y toco su muslos. En ese momento ella coge mi mano para que la suba y note su humedad. Emite un gemido que la hace separarse de mis labios en el momento en que mi mano llega al lugar ansiado por ella, es el momento de darle lo que pide, velozmente me coloco un preservativo y acto seguido la penetro, durante unos segundos permanezco inmóvil mientras siento su cuerpo retorcerse y las palpitaciones de su sexo aprisionando el mío. Sus gemidos se vuelven más altos, sus jadeos más acelerados y empieza el momento de satisfacer los pedidos que consigue emitir con su excitada voz.
En la inmensidad de la noche, los gemidos de mi clienta y los ruidos de la cama quiebran la tenue tranquilidad que se podría respirar. En el ambiente se respira el aroma a sexo y pasión desatada, no hay límites, no hay lugar donde no se pueda tener un momento de pasión. Los muebles, la habitación, los rincones, son solo juguetes que se vuelcan en una noche de sexo, en un alquiler de mi cuerpo por una mujer. Los cuerpos se mueven acompasadamente en todas las posiciones, sintiendo su calor uno con el otro, sintiendo el olor de su piel, rasgando con gemidos el silencio de las sombras proyectadas por las suaves luces que muestran en las paredes una mala impresión de los hechos de la habitación. Hasta que el final se acerca y mi clienta exige el término del contrato:
- ¡Dios, me vas a matar! ¡Córrete ya por favor! – me suplica entre jadeos.
- Como mandes…
La noche ha acabado, mi clienta está satisfecha y yo ya he cumplido mi obligación, después de un mísero momento desnudos, me levanto y me visto, ella se sienta en la cama, desnuda, mostrándome su cuerpo de piel todavía brillante por el sudor y me pregunta:
- ¿Ya te vas?
- Si, es el momento, me voy, puedes quedarte lo que quieras, el coche te esperará lo que haga falta y la habitación está pagada para toda la noche.
- ¿Y por qué no te quedas conmigo a dormir?
- Porque eso nunca entra en mi tarifa. Sabes donde encontrarme. Hasta otro día, si quieres…
- Espera…
Las últimas palabras se difuminan en el aire mientras cierro la puerta de la habitación y me encamino hacia el ascensor, esta es una de las noches en las que me gustaría quedarme, pero no es posible. No está permitido en mi ética profesional, no me puedo permitir esta parte. Las mujeres me alquilan, las seduzco y las poseo, pero nunca las amo, no es mi profesión, no es mi cometido y no es lo que yo hago.
Pido un taxi al que espero en las afueras del hotel durante unos minutos para que me lleve a casa, una vez allí me desnudo, me ducho y me voy a mi cama, hoy ha sido un día de trabajo más, me he ganado la paga y estoy orgulloso de mi mismo, ¿y mañana?
Mañana es otro día y hay otra clienta. Nos vemos mañana.

jojojo me encanta esta historia jajaja esta demaciado fina!