Memorias de un gigoló: capítulo 4
Capítulo 4 – Lengua viperina -
Nuevo día, nueva clienta. Enciendo mi ordenador y mientras oigo los ruidos de los ventiladores del portátil, despistadamente miro la pantalla de televisión bebiendo un sorbo de un vaso de agua hasta que de mi modorra mental transitoria me despierta el sonido de inicio del sistema operativo. Abro mi navegador de internet y me conecto al correo. Veamos:
“Señora de 65 años viuda busca contratar acompañante menor de 35 años (incentivo para 25 o menos) para fiesta de sociedad en discoteca de moda, se exige etiqueta y presencia discreta. Pago adelantado hasta fin de fiesta y crédito abierto para habitación en hotel y servicio.”
Bueeeno, mentiría si dijera que me entusiasma la idea de habitación en hotel y servicio peeero, para que te paguen mucho en este oficio es obligatorio lidiar en estas plazas tan turbias (y además leyendo incentivo he tenido hasta una pequeña erección, no lo voy a negar), asi que… “confirmar”. Medio minuto más tarde ya tengo las fotos de mi nueva clienta. La señora tiene 65 años y parece que tenga 80, estupendo. Marido muerto en extrañas circunstancias, estupendo +1 (ahora estoy acojonado). Carácter difícil de sobrellevar, estupendo +2. Ostentosa, narcisista y con más dinero del que puede gastar, estupendo +3. ¿Alguna vez habéis tenido esa sensación de que teníais que haberos estado muy quietos 30 segundo antes? Pues así me sentía yo.
Claro que ahora mismo ya no tenía arreglo así que tocaba continuar la rutina de siempre: afeitado, ducha, cuidados intensivos faciales y corporales sumada la elección de buena ropa para ir de fiesta con la alta sociedad. Reconozco que al principio no me gustaba ir a estas fiestas llenas de gente que se cree mejor que otra por haber nacido en casas de millonarios o con “sangre azul”, sin embargo, una vez que llevas tiempo en este mundo de los “hombre y mujeres de compañía” te das cuenta de que es un buen sitio para ir a ver a tus colegas de profesión.
La fiesta era en una discoteca cerrada para tal evento (reconozco que todavía no me acostumbro a la situación de entrar a una discoteca a encontrarte con una mujer 40 años mayor que tu), como siempre en estos casos fui en taxi y una vez pagada la carrera me dirigí al interior, di mi nombre (bueno, el de hoy) al portero y mientras me buscaba en la lista el relaciones públicas de la discoteca venia apresuradamente para dejarme pasar, evidentemente no creo que pensarais que era la primera vez que yo iba a trabajar allí. La situación en el interior era de lo más normal en estos casos, la pista de baile a oscuras con tonos azulados y violáceos por los que de vez en cuando pasaban láseres verdes y rojos haciendo mil figuras distintas que se reflejaban por el suelo, las paredes y las personas que se movían al ritmo de la música (o que por lo menos lo intentaba). En la parte superior había otro piso reservado normalmente a la clientela vip con mesas y sillones grandes para sentarse a beber y a consumir sustancias ilegales, quedando más apartada una zona mucho más oscura en la que solo había sillones a donde la gente ni va a beber, ni va a consumir sustancias ilegales.
El ambiente no estaba mal, claro que en una reunión de gente en que la mitad no es capaz de calcular su patrimonio y la otra mitad está alquilada por esa noche tanto para amenizar el local o como compañía (éste era mi caso), no es muy difícil imaginar que lo que se puede ver en una situación así es a personas asalariadas (muchas entradas en años) rodeadas de gente muy hermosa y en algunos casos bastante joven (normalmente esto es indirectamente proporcional a la edad de su arrendatario) con muchas ganas de recibir una sustancial paga, sobra decir que usualmente la reciben (a veces con buenas propinas).
Miré por todo el local mientras me dirigia al piso superior pausadamente. Por intuición (y por experiencia) sé que allí es donde suelen quedarse mis clientas, sobre todo a edades mayores: apoyadas en la barra poniéndose hasta las trancas de Martini. Esta vez al verla reconozco que me di cuenta de que me equivoqué, era ginebra lo que bebía mi clienta. Aquí empieza el momento estelar de la noche:
- Oye niñato, ¿qué haces ahí como un idiota? ¿no tienes hora para llegar a casa o qué? – empezamos bien…
- Creo que a usted le gustará mi compañía – solté amablemente.
- ¿Para qué? ¿qué pasa que te recuerdo a tu abuela? La juventud de ahora sois todos unos gilipollas – venga va, llego 10 minutos antes de la hora y la señora ya está borracha perdida, esta noche va a ser muuy larga… y yo ya entiendo que le ha pasado al marido: suicidio por estrés.
- ¿Sabes? En mis años teníamos respeto por nuestro mayores, no como ahora que sois una panda de desalmados irresponsables. – continuó su discurso – Ahora solo pensáis en follar como conejos – bueno, aquí reconozco que tenía razón – y drogaros sin ningún sentido hasta acabar hechos una mierda, sois la escoria de la sociedad – claro, estar de alcohol hasta las trancas es saludable al 100%, y las mil pastillas que probablemente se meta al día para “los dolores y achaques de la edad” son básicamente salud. Ante este recital, yo guardaba silencio, pero había una duda que me asaltaba ¿para qué coño quería esta señora a un hombre menor de 35 años? ¿para forrarlo a ostias?.
- Bueno, todos los jóvenes no somos iguales, ¿no cree? – intenté calmar la conversación.
- Si, hay algo igual en todos vosotros: ¡¡sois todos unos hijos de puta!! – vale, hasta aquí hemos llegado, plan b en marcha.
- Señora, usted es una hipócrita. – Hala, directo al hígado y sin contemplaciones.
- ¿Queeeeeee? – creo que hasta se le bajó la tajada con el comentario.
- Pues si, es usted una hipócrita que habla sobre los jóvenes de ahora y suelta todo lo malo que podemos tener, sin embargo me alquila a mí para que le dé un meneo y un revolcón. ¡Y además exige que sea un veinteañero perteneciente al grupo que tanto critica!, si está usted tan convencida de lo que dice ¿por qué no se alquila un cuerpo de 50 años? Tengo compañeros que la harán disfrutar mucho. Por otra parte, ¿sabe que le digo? que me suda la polla lo que pueda decir, yo he venido a trabajar y bastante hago con aceptar acercarme a usted más de 1 metro ya que en condiciones normales no la tocaría ni con un palo. Puede seguir ahí emborrachándose todo lo que quiera o me puede comer la polla ahí detrás que usted paga mi tarifa y a mí me da lo mismo.
Ahora era cuando me iba a dar la vuelta para irme (salvándome del bofetón si había suerte) y pensar durante el camino de vuelta que disculpa iba a dar mañana a la agencia de una clienta tan descontenta soltando de todo sobre mi, sin embargo no me dio tiempo a girarme cuando ella me dijo:
- Prefiero comerte la polla, vamos a aquella zona – aquí la tajada se me hubiera bajado a mí, me cogió y me llevo hasta oscuridad adornada de sillones de la discoteca.
Una vez allí me desabrochó los pantalones y empezó con maestría (todo hay que reconocerlo) su elegida labor de succión. Lo bueno de estar en un sitio con tanta oscuridad es que apenas ves quien está lamiendo con fruición tu miembro (y en estos caso la imaginación es necesaria así como no lo son los escrúpulos) y sin embargo tu si puedes ver a las personas que están en la luz. Por lo tanto ahí estaba yo, sentado con los pantalones desabrochados mientras una señora que podría ser mi abuela se partía el alma para hacer que tuviera un orgasmo. En esa situación me di cuenta de que en ese estado ella no iba a hablar así que me relajé para asegurar de que ella tuviera trabajo para un buen rato y me entretuve mirando al resto de panorama discotequero. Las imágenes que se veían desde mi posición eran de lo más habitual, los grupos de hombres que miran a todas las mujeres como si fueran ganado y los grupos de mujeres que hacen lo mismo con los hombres, sin embargo, para estas últimas los animales a comparar suelen ser cerdos, aunque siempre hay excepciones. Así me entretenía hasta que enfrente de mi vi a una pareja teniendo un sexo descontrolado. Normalmente en estos sitios la gente, pese a no cortarse especialmente suele usar posiciones como la sedestación (el hombre sentado y la mujer encima) llegando en tal caso a “la andrómaca” (el hombre echado y la mujer encima a horcajadas) sin embargo la pareja estaba de pie con la chica apoyándose en el sillón don sus brazos, doblando su cintura y una rodilla apoyada en el sillón mientras él la penetraba furiosamente desde atrás. Al verlos reconozco que me excité. Un momento después cambiaron de posición y pude ver la cara de pasión de la chica y los brillos del sudor por su desnudo y bello cuerpo. En mi menté imaginé los gemidos y jadeos que podía estar expresando en ese momento e incluso me imaginé acercándome para que la boca de esa preciosa mujer terminara lo que había empezado mi anciana clienta. Estos pensamientos fueron los que hicieron que tuviera un orgasmo en ese preciso instante.
Me alegré de no haber dicho nada que se pareciera a: “no te preocupes, que yo te aviso” (claro que a esta señora sinceramente tampoco la iba a avisar) sin embargo mi clienta se levanto con la cara de la satisfacción de un trabajo bien hecho, se limpió la cara con un clínex que sacó de su bolso y me ofreció otro para limpiarme yo mismo. Se fue al baño a retocarse mientras yo me limpiaba y empecé a pensar cómo iba a hacer para largarme de allí ya que el supuesto de que la señora utilizase su crédito y nos fuéramos a un hotel era una idea que me producía una congoja bastante elevada (de hecho me acojonaba muchísimo y me asqueaba otro tanto), sin embargo ella llego, me dio un billete de 500 euros y me dijo:
- Ha estado bien, volverás a saber de mi, coge el billete, tomate algo lejos de mi vista y lárgate pronto sin volver ni a mirarme.
No hay que decir que le hice caso punto por punto.
… y mañana será otro día… y otra clienta…

Ya lo lei. Flipante O.o