Memorias de un gigoló: capítulo 5
Capítulo 5 – ¿Día de relax? no exactamente -
Hoy el despertador suena a las 12 de la mañana: abro los ojos, me desperezo y al levantarme voy a mi rutina de los sábados. Llego a mi sofá, enciendo la tele y me hecho a lo largo a vegetar tranquilamente. En la profesión de gigoló, aunque parezca extraño, los fines de semana (sobre todo los sábados) son días en los que te puedes pasar todo el día en casa y tomarte un merecido descanso en el trajín de la semana. Esto viene dado porque muchos jóvenes se aficionan a esta profesión mientras tienen otros oficios en los días semanales. Cuando estás empezando en esta profesión no tienes una cartera de clientas que puedan satisfacer tus crecientes lujos por lo tanto es normal, o bien tener una profesión aparte, o bien acabar los estudios de una extraña carrera universitaria. El resultado de esta superposición de obligaciones laborales es que los viernes y sobre todo los sábados hay muchos chicos de compañía disponibles y mi experiencia laboral me ofrece la posibilidad de pasarme el sábado en casa sin hacer nada.
Así pasaba yo tranquilamente mi sábado: si no veía un programa de televisión, disfrutaba con los videojuegos. Si veía una película por los canales digitales y me amodorraba, me echaba una siesta. Quizás resulte hogareño en exceso, pero para alguien que vive en los hoteles y en camas ajenas una tranquila tarde en el sofá de casa puede ser lo más cercano al paraíso terrenal. Llegaban las 7 de la tarde sin hacer nada y pensé en llamar a mis colegas para reunirnos delante del televisor con unas cervezas y deleitarnos con el opio del pueblo: el fútbol. Así que me puse manos a la obra y a medio metro del mi teléfono, éste empezó a sonar, puesto que ya que estaba cerca, respondí.
- ¿Si?, ¿quién es? – pregunté perezosamente.
- ¡¡¡¡Tío, tío, tío, tío, tío, tío!!!! – sentí nerviosamente al otro lado de la línea – ¡¡¡necesito que me ayudeessssssss!!!, soy yo y necesito que me ayudes, tal que ¡¡¡ya!!! – reconocí su voz, pero me apeteció burlarme de él.
-Pues por “yo” no me viene nadie a la cabeza…
- A ver imbécil, que no estoy de guasa, de verdad que tengo un problemón ¡¡tengo un pedido de la agencia!! – Mi colega de profesión (y colega fuera de ella) me llamaba bastante tenso y conseguía decir las palabras a duras penas, sin embargo, siendo un problema acerca de una clienta, seguí mofándome.
- Entiendo que sea un problema para ti, con lo feo que eres ya ni sabrás lo que es acostarte con una mujer, jejeje.
- A ver Brad Pitt de los huevos ¿qué tienes hoy en casa una gala del festival del humor y estás entrenándote? Tengo un problema muy gordo con dos clientas.
- No me digas más: no eres capaz con dos mujeres, mira que te lo digo, que para estas cosas hay que valer, que no es tan fácil.
- Lo que me gusta de ti como colega es que subes el animo a cualquiera. A ver que te explico antes de que vaya a tu casa a arrancarte la cabeza: tengo a dos clientas que habían contratado a dos gigolós, solo sexo y nada más en una habitación de un hotel a las afueras de la ciudad. Dijeron explícitamente que no quieren a uno, obligatoriamente quieren dos para verse cada una con un tío diferente en la misma habitación, vale, yo tampoco lo entiendo mucho pero si pagan a mi me da igual.
- Amén tío, me encanta tu filosofía.
- Bueno, pues el rollo es que la agencia contactó conmigo y con otro compañero y ahora que el otro pavo no va a aparecer quién sabe por qué ¡y ahora no tengo a nadie y no puedo ir yo solo!
- Buff… no sé tío, es que a mí eso de sexo por dinero… no sé si será mi rollo
- ¡Uy es cierto! se me olvidó que ahora te da por el estudio de las amebas, mira, si no supiera que esa respuesta quiere decir que vas a venir, me cabrearía mucho.
- Jajajaa, como me conoces ladrón, eso si, no respondo de cuando vea tu culo en pompa cerca de mi cama. Por cierto ¿en dónde y cuándo nos vemos?
- En 40 minutos máximo, de hecho pon 30, paso por tu casa.
- ¡¡¡Ostias!!! ¡¡cómo no me dijiste que era tan urgente!!
- Un día te pego, te lo juro, un día te pego, venga vístete y te veo enseguida.
- Hasta ahora, me preparo volando – en este momento colgué (o más bien lancé) el auricular del teléfono sobre su base y me metí en la ducha lanzando mis gallumbos al aire, casi no les había dado tiempo llegar al suelo y ya estaba fuera afeitándome (o algo parecido) y vistiéndome: unos vaqueros de marca y una camisa, suficiente para el nivel de mis clientas, y si no, tampoco me va a durar mucho la ropa.
Sentí mi móvil zumbar y empezar su melodía, supuse que había llegado mi compañero de profesión y cogí el móvil para cerciorarme. Del armario cogí una americana y salí a la calle cerrando apresuradamente. Al pasar por el cristal me cercioré que pese al discreto tiempo del que tuve para prepararme no estaba mal del todo.
- ¿Qué tal tío? – le saludé mientras entraba en su coche deportivo – siempre me impresionan tus coches, cuéntame ¿a que ricachón se la chupas?
- Jajajaja, a los que me regalan coches bonitos jajajaja -nos reímos los dos – oye tío, en serio, gracias por hacerme este favor.
- Nada hombre, espero que sea un polvo cortito y llegar pronto a casa – le contesté.
- Jejeje, para ti no creo que sea un problema hacerlo corto, todo lo contrario al revés – me respondió con sorna.
- Jajaja, tu juega y te arreglas tu solo con las dos clientas – respondí.
Todo el camino fuimos hablando sobre temas banales, como comenté antes, aparte de nuestra vida profesional somos colegas y nos une una buena amistad, por lo tanto nos es fácil hablar distendidamente de temas insustanciales mientras pasamos por las calles de la ciudad (a bastante velocidad por cierto) y cuando intuí que podíamos estar llegando (ya que empezábamos a llegar a las afueras) le pregunté sobre el trabajo un poco más. Normalmente soy bastante cuidadoso e intento fijarme en los detalles para poder conocer lo más posible a mis clientas antes de un trabajo, sin embargo, en trabajos de estas características el único requisito es que se tenga un pene entre las piernas que funcione, por lo tanto es sencillo entender que no suelen llevar una preparación muy cuidadosa (el problema sería si no tuviera susodicha “herramienta” pero de momento sigue ahí y no me ha abandonado). Aun así pregunte por lo que nos íbamos a llevar entre manos (y entre lo que no son las manos):
- Bueno dime, ¿en que clase de trabajo te voy a dar una lección ahora?
- Como te decía, el trabajo consiste en llegar a una habitación y tener sexo con dos mujeres ¿aún recuerdas lo que son verdad? Son dos mujeres de 37 y 39 años a las que las atrae verse mutuamente teniendo sexo con hombres. Nuestro trabajo por si tienes dudas es ser esos hombres.
- Bueno, no es que me apasione pasar un rato viéndote desnudo, pero realmente parece un trabajo sencillo – No tenía ni la menor idea de lo muy equivocado que estaba.
Al llegar a un cruce vi como mi colega indicaba con su intermitente su próximo giro a la izquierda y así tomaba la salida hacia el aparcamiento de un hotel. Al ver el susodicho hotel me pareció reconocerlo pese a que mi mente no recordaba ningún trabajo allí, Algo raro había ya que sus paredes blancas y su ambientación de castillo medieval hacía que mis neuronas buscaran una información que tenían guardada en algún recóndito escondrijo cerebral, pero esa información no aparecía. Salimos de coche encaminándonos hacia el hotel, una vez dentro mi compañero fue a recepción mientras ahí solo a mi la situación me daba mala espina: primero seguía sin recordar de que me sonaba ese hotel, segundo, la cara del recepcionista también la había visto en algún lado y tercero, la ambientación era demasiado… como diría yo, amenazadora.
Ya teníamos el número de la habitación a donde ir, al ser en un primero subimos por la escalera y le comenté a mi acompañante sobre mis preocupaciones del lugar a las que me contestó evasivamente diciendo que no me preocupara, que tan solo era un lugar que regentaban unos frikis de los castillos medievales. Reconozco que lo creí hasta que estábamos andando por el pasillo y lo cogí por un hombro asustado:
- ¡¡Tío, eso ha sido un grito!!
- ¿Qué?, ¿cómo va a ser un grito? ¡tú estás mal tío!
- Yo estaré mal, pero el oído lo tengo en excelentes condiciones y eso no era Heidi trotando por el campo, más bien sonaba a la oveja siendo enculada por el abuelo, ya me dirás tú.
- Lo primero que te digo es que tienes que buscar ayuda psicológica para tus problemas con los dibujos animados infantiles, lo siguiente es que probablemente fuera la televisión de alguna habitación.
- Bueno… puede que en lo segundo tengas razón – al fin y al cabo, esta era una buena posibilidad.
Llegamos a la habitación y mi compañero picó tres veces, me dio la impresión de ser una especie de contraseña, cosa bastante habitual en nuestra profesión, así que no me extraño de ninguna manera. Sentimos como el cierre de la puerta se abría y como una voz femenina decía “Entrad ahora” de una forma que a mí me pareció un tanto imperativa.
Lo que vi dentro de la habitación me acojonó… pero mucho, mucho.

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