Memorias de un gigoló: capítulo 9

Capítulo 9 -  La otra cara de la excitación -

“Vamos a ver”, pensé, “Son las 5 de la tarde, llevo dos horas enfundado en una mierda de disfraz de algo que se le parece a un conejo haciéndole caso a un tío que se cree el Francis Ford Coppola del porno amateur en una estupidez que se supone que será una película para que se lo monten los sábados por la noche (o cuando se lo quieran montar que ciertamente es algo que a mí me la resbala bastante)”.

- Toma ponte essto para la ssiguiente esscena, machote.

Ese último machote sobraba bastante. Cogí en mis manos la prenda que me había dado y al observarla me di cuenta de que aquello era tremendo. Un pequeño tanga de cuero con un pompón haciendo de supuesta cola de conejo. Pensé en decirle como se iba a arreglar para unir con lógica que primero tuviera un traje de conejo, luego un tanga con la cola y luego nada pero me di cuenta de que todo lo que pudiera hacer en esa dirección repercutiría en más escenas que yo tendría que hacer o, en su defecto, en más trajes estúpidos que yo me tendria que poner, así que dejé a un lado mis desavenencias personales con el guión y me puse el tanga que, por si fuera poco todo lo anterior, me venia pequeño.

Así, con un malestar en mi zona testicular llegué a la habitación contigua donde se encontraba Cuchi. Allí esposada a la cama (lo cual me hizo rememorar situaciones en las que yo era el que estaba así) con las piernas abiertas. Desnuda pude ver su cuerpo que no era gran cosa (para mi desgracia, de aquel día no se iba a salvar nada): pechos algo caídos, barriguilla que habia dejado de ser “levemente prominente” y un sexo no muy bien depilado (de hecho nada bien) me esperaban espatarrados en la pequeña cama. El director de aquel ambiente me dió el guión para esa escena que remiré y como siempre asquee, así empezábamos la siguiente escena.

- En el planeta de los conejos folladores las conejas empiezan siempre comiendo zanahoria – dije intentando poner énfasis y sentimientos en la frase, sintiendo el regusto que le proporcionaba a mi cliente oir sus palabras en mi boca. Desde luego que lástima de frases…

Así empecé, quitándome el tanga (y liberando al fin mi aparato reproductor de su prisión de tela) y acerqué mi miembro a la boca de mi clienta. Gracias a la madre naturaleza tengo la capacidad de excitarme en segundos (y además independientemente de lo que tenga delante de mí) así que entre que me despojaba del tanga y mientras recorría la distancia a la boca de mi clienta tuve un pequeño lapso de tiempo que me permitió llegar ya con una erección incipiente y mientras Cuchi se afanaba por lamer todos los rincones de mi verga, ésta se ponía más dura y erecta, así, cuando ya llevaba recorrida toda ella con su lengua y giraba su boca para acaparar todo lo posible yo ya estaba en todo mi esplendor fálico. Vi como mi cliente se colocaba la cámara en su hombro así que empezó a girar para enfocar perfectamente el trabajo salivar que yo recibía en ese momento. Él se colocó al otro lado de la cama pudiendo yo colocarme más cerca de mi clienta permitiéndola aumentar sus esfuerzos además de hacer estos más simples. Lamía todo mi sexo una y otra vez llegando hasta mis testículos que besaba tiernamente. Volvía entonces su camino y capturaba mi glande en su boca, haciéndome sentir la calidez de la misma y el jugueteo de su lengua contra mi frenillo.

-Vaaale!! -  gritó mi cliente convertido en director al que se le dibujaba una gran sonrisa en la cara y un bulto considerable en la entrepierna. Eso era bueno, le estaba gustando mi actuación estelar.

Pasamos entonces a la siguiente escena de su tórrida película: a partir de ahora no habría que decir más frase (¡al fin!) y solo había lugar para “loss gemiditoss” que pudiéramos dar. Cambió mi clienta su posición colocándose a cuatro patas apoyándose con sus brazos en la cama y sus pies en el suelo. Me coloqué detrás de ella mientras me enfundaba con un preservativo. En el momento en el que sentí a mi cliente decir “acción” acaricié el sexo de mi clienta para comprobar que estuviera bien lubricada y una vez hecho esto (la comprobación fue muy afirmativa) la penetré lentamente sintiendo como su cuerpo se excitaba ante mi presencia dentro de ella. Una vez llegados al punto en el que sus nalgas tocaban mi cintura empecé a moverme más rápidamente sintiendo como sus jadeos se aceleraban acompasadamente con mis pequeñas embestidas.

- ¡¡Un momeeentiitoooo!! – Dijo la voz de mi cliente, obligándome a quedarme quieto con mi todo mi sexo dentro de su mujer, sintiendo el calor y las contracciones del sexo de ella contra el mío -  veráss…. creo que necessitaríamoss que fuerasss assí como máss rápido, como un conejo…
- Ehh… bueno… puedo hacerlo…

Volvieron las cámaras a rodar y cogiendo sus caderas empecé a penetrarla más rápido y fuerte. Vi como sus manos agarraban la colcha de la cama apretándolas fuertemente estirando toda la tela mientras su cuerpo se estiraba y retorcía al aumentar sus gemidos. Cada vez le gustaba más a mi clienta y su cuerpo me lo hacia ver, mis manos apretaban suavemente su piel mientras la iba moviendo poco a poco más rápido. Llevabamos unos minutos así cuando una de las manos  de mi clienta cogió mi mano apretándola, exigiendo que la agarrara más fuerte. Debido a su excitación empezó a gemir más alto y dobló sus codos al volver con su brazo una vez que le satisfacía la presión que ejercía sobre su cadera con mis manos. Arqueaba su espalda y agarraba con sus dos manos un trocito de tela que estiraba con pasión cerca del punto de rotura. Cada vez la penetraba más rápido y duramente, hasta que volvió la voz que me hizo desconectar.

- Un ssegundiiitooooo!! – ess que estoy mirando la escena y no me convence del todo… veréis…
- ¿¿Quieres dejar que me la siga metiendo y estar callado?? – Se levantó mi clienta de la cama gritándole eufórica – A este tío le pagamos para follarme, no para ser tu puto actor en tu puta película. Así que tú vas a rodar y este y yo vamos a follar como bestias, ¿está claro?
- Si señora – contestamos al unísono mientras nos mirábamos con cara de estupefacción.

Aquí la situación ya cambiaba a bastante mejor. Primero no iba a haber molestas interrupciones sobre la fotografía de la estampa y por lo demás, ya tenía una clienta entregada a la situación. Mi clienta regresó a la cama y esta vez dobló sus rodillas al borde de ésta situando sus antebrazos en la cama. Se estiraba de forma que llegaba hasta el otro lado de la cama donde sus manos se doblaban para asirse al colchón. Abría sus piernas bajando levemente la altura para facilitarme a mí que volviera otra vez a penetrarla desde donde yo estaba. Me coloqué de nuevo detrás de ella, con mi mano derecha toque su sexo acariciandolo suavemente, humedeciendolo completamente con sus propiso jugos tocando suavemente su clítoris con mis húmedos dedos hasta que me acerqué y nuevamente la penetré lentamente, entrando y saliendo centímetro a centímetro sintiendo el caluroso y húmedo abrazo de su sexo con el mío. Coloqué mis manos sobre sus nalgas y aumenté mi velocidad paulatinamente sintiendo como la excitación de mi clienta iba en aumento nuevamente. A mi lado empecé a sentir la presencia de mi cliente filmando con una mano como yo tenía sexo con su mujer y mientras él se frotaba con la otra mano su entrepierna. En ese momento miraba para la cámara mientras ponia mis manos a los lados de los labios inferiores de mi clienta, apartaba así levemente la piel de sus nalgas permitiéndome una penetración aún más profunda, el cuerpo de mi clienta exigía más velocidad y así me lo hacía entender moviendose y golpeando contra mi cadera, así comencé a ir más rápido y sobre todo más fuerte.

Cada vez oía más los gemidos de mi clienta que conjugaba con pequeñas blasfemias de excitación. Cuando me puse a mirarla vi como su marido estaba delante de ella grabándola pero con la cámara enfocando hacia abajo, ladeándome levemente sin dejar el ritmo que se me imponía vi lo que pasaba: Mi clienta se apoyaba en una mano en la cama y con la otra se afanaba en desabrochar el pantalón de mi cliente. Una vez consiguió quitar todos los botones bajó el pantalon y la ropa interior de él de un solo movmiento dejando libre la erección de su marido. Así empezamos un ritmo frenético en el que yo la penetraba por detrás mientras ella succionaba el miembro de su marido el cual se concentraba en seguir grabando la situación mientras recibía las cálidas caricias de la lengua de mi clienta.

Paró mi clienta la situación haciéndome salir de su interior y se giró completamente. Me miró con sus ojos lascivos para que volviera a penetrarla en la nueva posición mientras ella seguia su labor con su conyugal pene. Me apoyé con mis manos en la cama y comencé de nuevo con mi placentero oficio apoyado con una mano en la cama, con la otra acompañaba intermitentemente mis embestidas frotando su clítoris delicadamente, cada vez que hacia esto sentía como ella emitía un gemido acallado por el miembro de su marido en su garganta. Apoyé mis manos en sus rodillas y me coloqué de forma que pudiera penetrarla más a fondo: empecé suave para no infligir dolor en ella pero rápidamente ella movió sus piernas haciéndome perder momentáneamente el equilibrio teniendo que volver a colocarme en la cama para no caer encima de ella. Mientras yo volvia a recuperar mi estabilidad ella cruzaba sus piernas tras de mí apretándome en la base de la espalda con sus pies para que la penetración fuera más profunda. Así me movía con fuerza haciendo que me sintiera en su interior lo más fuerte posible cuando ella cogió el sexo de su boca con la mano y empezó a gritar que siguiera, a la vez movía firmemente su mano a lo largo del miembro de mi cliente que pocos minutos después la avisó de que llegaba a un orgasmo: ella aumentó más la velocidad haciendo que él se corriera en su canalillo repartiendo por sus pechos las ultimas gotas que mi cliente emitía por su verga.

Yo todavía podía continuar en esa postura un rato pero mi clienta tan solo me dejó un pequeño momento más hasta que me ordenó que me corriera en su estómago. Su marido se colocó a un lado de rodillas en la cama para poder grabar la escena con nitidez y yo saqué mi miembro, le quité el preservativo y empecé a masturbarme hasta que sentí que me iba a correr. Me coloqué encima de su estomago y allí solté mis jugos internos. Me apoyé levemente en la cama volviendo a coger el aliento y me erguí de nuevo. Mi clienta jugaba con ambos fluidos exhausta mientras el director de la íntima película apagaba la cámara y se iba a colocarla en su lugar encima de un trípode, apagando a su vez la cámara fija que había grabado toda la escena.

Por lo demás ya solo me quedaba vestirme e irme, lo que incluyó también rehusar a una invitación a cenar. En ningún caso hubiera aceptado tal invitación ya que no dejan de ser clientes pero reconozco que en esta situación una vez cumplido mi cometido no quería escuchar ni ver a aquellas dos personas ni un segundo más. Así que pedí un taxi me despedí de mis clientes y me fui hacia mi casa.

Llegué a mi casa y encendí la televisión, mi equipo de audio y mi portátil. Aunque no cojo dos trabajos al día si es verdad que suelo mirar los demás trabajos que hay por dos motivos: Uno por cotilleo simple y otro porque en algunas ocasiones hay trabajos para el día siguiente, normalmente si tienen alguna dificultad intrínseca (ya sea por exigencias o por escrúpulos, razones por las que nadie coge los trabajos y pasan al día siguiente aumentando su gratificación) o por ser pedidos con anterioridad. Así iba pasando los correos electrónicos del día y encontré uno que me era sugerente.

De hecho, yo diría que era muy sugerente…

~ por elcoíndeSX en 24 Febrero , 2009.

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