Historias corticas (I): Amor loco.
Amor loco
“Acostado en la asquerosa cama, no puedo dejar de sudar. ¿de sudar? ¡No puedo dejar de pensar en esa extraña mujer! En la completa oscuridad siento como las curvas de su ropa se agolpan en mis neuronas con frenética intensidad, su mirada, sus ojos, el sonido alegre y cálido de sus palabras hacen que me vuelva loco, ¿estoy enamorado? ¡no lo sé! ¿qué coño me pasa?, cuanto más tiempo paso a su lado, esperando ese pequeño, sutil y eléctrico roce con su cuerpo, más me cala este sentimiento que exprime mi corazón, seca mi cerebro y me hace padecer la larga enfermedad de no tenerla a mi lado.
Joder, cierro los ojos y la veo, abro los ojos y se me refleja en la pared. ¿Cómo escapar de mis propios pensamientos?¿Cómo escapar a la añoranza de la calidez de su cuerpo? ¿Dónde está la salida a la escasez del roce de su suave piel?¿Acaso puedo esconderme de la dulzura de sus ojos, de la frugal textura de sus labios o de la belleza de su sonrisa? Todas estas imágenes acampan dentro de mi cabeza dificultándome el respirar, haciéndome sentir un dolor que me atraviesa la tráquea hacia mi columna. Millones de lágrimas recorren mis parpados incansablemente hasta que extenuado entre sollozos me quedo dormido.
Las horas no transcurren, las padezco. Sentado en este pequeño cubículo que me hace de cárcel no puedo hacer otra cosa más que adentrarme en las profundidades del abismo de mis lamentos. Aun rodeado de millones de personas me seguiría sintiendo en la más absoluta de las soledades. La luz entra por la ventana proyectando los cuadrados de la ventana en la pared que se sitúa delante de mi cuerpo. Algunas veces veo sombras del exterior que mi enferma mente las curva en las formas de aquella mujer una y otra vez. El cansancio de ¿días? ¿meses? dormitando a duras penas hace que la fantasía y la realidad, el sueño y la vigilia se entremezclen y el mundo de mi alrededor vaya a velocidades diferentes.
Mis parpados se me cierran y parece que vuelvo a soñar. Otra vez ella, esta vez acercándose hacia mi lentamente. Es una tarde lluviosa y se acerca hacia donde yo estoy, me encuentro cobijado debajo de un soportal que me permite refugiarme de la lluvia mientras mi corazón se me acelera al verla. Su pelo castaño completamente empapado hace de tobogán para el agua de lluvia que cae sobre ella lateralmente. Me mira con sus pequeños ojos verdes mientras esboza una sonrisa al visualizarme en mi refugio y respondo con otra. Está totalmente empapada, tiembla de frío y le tiembla la voz al hablar, pero sigue siendo preciosa. Al encontrarnos nos fundimos en un beso, siento mis labios tocar con la humedad de los suyos y la abrazo mezclando el frío de su ropa mojada con el calor de nuestros dos cuerpos juntos. Nunca me cansaré de besarla una y otra vez.
¡Maldigo a todo y a todos! ¡Odio al mundo, a los Dioses y a todos aquellos que no me permiten estar junto a ella! ¡Mataré!¡Os mataré a todos si hace falta solo para verla una vez más!¡Todas las condenas del infierno son pocas en comparación a no verla nunca más! ¡Subiré a los cielos y arrancaré el corazón de aquellos que no me permitan estar junto a ella!¡Desafiaré a los mismos señores divinos!¡Recorreré el Hades y me enfrentaré a todos sus demonios!¡Acabaré con mis manos manchadas por la sangre de las almas que no me dejen acercarme a mi diosa! Juro desde esta penumbra que no existirá para mi ninguna clase de vida en este mundo o en el siguiente que merezca la pena ser vivida si no es junto a ella.
Otra vez los recuerdos. Aquel campo de verde hierba sobre el que nos echábamos uno junto al otro y hablábamos de nuestros planes futuros mientras nos acariciábamos interminablemente. Nos besábamos lentamente, sintiendo el roce suave de nuestros labios y la cálida humedad de nuestras lenguas cuando se juntaban y jugaban traviesas. Entrelazábamos nuestros dedos fuertemente para no separarnos nunca más. Dormitábamos ambos mientras yo recorría mentalmente mi gozo de sentir aquella cabeza que se apoyaba cómodamente en mi pecho y oír esa respiración pausada y tranquila que me relajaba y me permitía soñar con la alegría que me inundaba al paso de los días junto a ella.
¿Qué he hecho? decidme, ¿qué he hecho? ¿por qué este castigo? Renuncio al poder, a las riquezas, a todo por ella. ¿Por qué hacerme pasar este sufrimiento? ¿cuál fue mi pecado? ¿tan grande fue el delito cometido que no se me permite ni la más mínima esperanza? ¿tanto daño hacíamos tan solo por ser felices? ¿tan solo por amarnos? Los segundos en los que estábamos separados eran años de soledad y tristeza en nuestras mentes ¿fue ese nuestro gran pecado?
Ahí está de nuevo. Se despierta en la cama, sé que bajo esa fina sábana ella está desnuda. Podría pasar vidas enteras tan solo mirandola dormir desnuda, ver su cuerpo durante eones sería para mí el tormento más preciado. Se despereza lentamente tapando su piel juguetonamente con la sábana y me acerco a ella. Paso mi mano por su estómago mientras me coloco junto a ella debajo de la sábana sin dejar de mirarla, y sin que ella me deje de mirar. Mientras nos fundimos en un abrazo nuestras voces resuenan calmadamente, dejando trozos de nuestra alma en ellas: “te quiero”.
Vuelvo a verla, pero mi cuerpo se estremece, ella me sigue sonriendo pero mi cuerpo suda. Las imágenes de mi cerebro vuelan por detrás de mis parpados, me duele la cabeza, me la agarro con mis manos, siento un dolor ingente que me hace gritar. Mi cerebro presiona las paredes craneanas y mi visión se nubla y siento como me desmayo y mi cuerpo golpea fuertemente el baldosado suelo.
Todo se vuelve oscuridad, no sé qué ha pasado, sólo sé que ella se ha ido de mi lado para siempre, no volveré a oírla, a verla o a sentirla, solo podré recordarla.
Abro los ojos, sudo, quiero gritar, voy a gritar:
¡¿POR QUEEEE?!
¡¡¿POR QUEEEEEEEEE?!!
¡¡¡¿POR QUÉ NO PUEDO TENERLAAAAA?!!!”
-¿Qué son esos gritos? Parece que estamos matando a alguien.
-Celda 247, su novia murió hace un año.
Armin van Buuren feat. Sharon den Adel – In and Out of Love

Escribe un comentario