Güeyos que nortien, deos que escribayen

Memorias de un gigoló: capítulo 20

Tres no son siempre multitud (II)

Cuando ya tuve mi cuerpo libre, me levante apoyando en mis rodillas, las miradas lascivas de mis compañeras me animaban aún más a seguir aquella fiesta en público que teníamos montada. Me coloqué detrás de la más cercana y la obligué cariñosamente a que se apoyara en el suelo sobre sus brazos y rodillas. Cuando ella estaba ya situada en esta posición me acerqué, besé su nalga derecha y acaricié su sexo por el que fluia caliente líquido. Me situé en posición para penetrarla y rápidamente lo hice con fuerza, sintiendo como me deslizaba dentro de ella gracias a la abundante lubricación de su interior, coloqué mis manos a los lados de su cadera y la sujeté con mis manos firmemente para moverla a mi antojo, modificando el ritmo y albergando en mi el poder del dominio completo de la acción.

Debido a la dinámica que se imponía en aquella perniciosa habitación, era una imagen muy simple y casta la que produciamos mi compañera y yo, probablemente por ello nuestra restante acompañante se colocó delante de nosotros, y con sus manos acercó la cabeza, y con ello la boca de su amiga, haciendo entonces una cadena de cuerpos más acorde a todo nuestro ambiente. Mientras yo seguía desde mi posición aumentando la velocidad y fuerza de mis insistentes y reiteradas embestidas contra el femenino cuerpo que tenía a mi total disposicón podía observar como ella utilizaba su lengua y dos de sus dedos en satisfacer con creces a su amiga.

Mi compañera modificó su posición levantándose del cuerpo de nuestra compañera y irguiéndose y apoyando su espalda sobre mi pecho, me desplacé levemente hacía abajo para seguir en su interior mientras mis manos cambiaban desde su cadera a sus pechos, así seguimos hasta que de nuevo sentí su orgasmo, reposó un segundo apoyada en mi cuerpo y se levantó de nuevo haciéndome salir de ella.

Al moverse de encima quedó a mi vista mi otra amiga recostada en la cama, avancé gateando hasta ella y me situé encima. Ella aguardó mis movimientos mientras me miraba juguetonamente, situe mi fálico apendice en la abertura a su interior y empujé suavemente, ella dobló sus piernas sobe mi cintura juntándome más todavía a ella, así empecé a moverme dentro de ella, manteniendome profundamente dentro de ella y sintiendo el final de su interior, momentos después empecé a moverme más rápido entrando y saliendo de ella con rápidez, levantándome sobre mis brazos logrué un mejor control y más potencia en mi labor mientras sentía como mi compañera disfrutaba ampliamente con mi labor.

Llegó un momento en el que me sorprendió una manos desconocida que bajaba por mi pecho, llegó a mi entrepierna y acariciaba la zona donde se juntaban nuestros cuerpos. Pensé primero que sería nuestra otra compañera pero al mirar vi que la tonalida de la piel era más clara, y empecé a sentir un pelo rubio que caía suavemente por mi hombro cuando empecé a sentir pequeños besos en mi homoplato, había otra invitada a la fiesta.

Las sutiles caricias obraron efecto en mi amiga que otra vez aumentó sus gemidos para luego volver a la calma al explotar su orgasmo. Me detuve, giré la cabeza y besé a mi nueva acompañante que no tuvo ningún reproche hacia mi atrevimiento.Al despegar mi cara miré a mi alrededor. La primera de mis amigas, que había perdido de vista se encontraba a nuestro lado, aumentando el número de personas que retozaban juntas en aquella orgía de cuerpos. Por otra parte, igual que había llegado mi rubia nueva amistad, llegó un oscuro hombre piel de ébano que empezaba a intimar con mi anterior amiga, así que me propuse a profundizar más la nueva adquisición en mi circulo de conocidas.

Volví a besarla pero esta vez acompañe mis labios y mi lengua con recorridos con mis manos por los recovecos de su piel, empezando suávemente por su espalda, girando mis manos por debajo de las costillas para subir tranquílamente siguiendo la curva inferior de su esternón y poniendo mis manos en sus pequeños (aunque muy bonitos como vi después) pechos. Pasé mis manos por sus pezones, me recree unos momentos y luego bajé mis manos a sus caderas, toqué su sexo comprobando su latente humedad y después cogiéndola por las nalgas la acerqué a mi para sentir todo su calor en mi piel.

Me senté en el colchón y ella se sentó entre mis piernas, sentí sus manos acariciarme debajo de mi cintura y como se me enfundaba un condón, según lo había desenrollado del todo se subió encima de mi y lentamente me introdujo dentro de ella. En esa posición nos mantuvimos durante largo rato. Sus brazos me rodeaban el cuello ayudando sus movimientos haciendo fuerza sobre mis hombros. Subió su ritmo y con mis manos la cogí por sus nalgas ayudando a aumentar todavía más nuestro ritmo. Después de la sesión que ya llevaba mi aguante estaba al límite por lo que la apreté más fuerte contra mí, sentí como sus gemidos aumentaban y me concentré en seguir el rápido movimiento hasta que al final los dos nos fundimos en un orgasmo que me dejó exhausto.

Mientras me esforzaba por conseguir aire para mis pulmones me dejé caer de espaldas en la cama, allí cerré los ojos y sentía como mi acompañante se retiraba de encima de mi, recibí un beso en mi pecho, y perdí la noción del tiempo. No sé si estuve un minuto o una hora en aquella posición, aunque sinceramente, a esas alturas había pocas cosas que me preocuparan. La mezcla entre todo el alcohol ingerido y la maratoniana sesión deportiva de después hacía que no me quedaran muchas fuerzas para pensar.

Cuando abrí de nuevo los ojos miré alrededor de mi confirmando lo que mis oídos me habían comentado, que todo seguía igual, cuerpos mezclándose unos con otros sin cesar. Busqué con mi mirada a mi compañero, pero él me vio primero ya que sentí que me llamaban desde mi espalda. Me giré y lo vi besando en señal de despedida a una mujer que no dejaba de acariciarlo, cuando llegué a su altura, me recorrió con su mirada, se levantó y me dijo:

- Otro día tenemos que vernos cielo… – y se marchó.
- ¿Oye, yo no sé tu, pero creo que ha estado bien para ser un día libre… - le dije a mi colega.
- Jajajaja vale tío, yo creo que ha sido todo de puta madre y ya vale de follar por hoy. Igual era bueno marcharse para casa.
- Después de ti cariño… – Contesté finalmente.

Ahora toca volver al trabajo…

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