Memorias de un gigoló: capítulo 8

•20 Febrero , 2009 • Dejar un comentario

Capítulo 8 – Alma voyeur -

Abrí un ojo… silencio… volví a cerrarlo, abrí los dos:

- ¡¡¡Mierda el móvil!!!

Corrí hacia la supuesta posición de susodicho aparato la cual era donde no estaba situado. Miré por todos los lados hasta que vi la luz de su pantalla tirada en el suelo, ¿que hacía allí? nunca lo sabré, salté desde mi posición y lo recogí, miré la pantalla donde podía leer “tienes un nuevo mensaje”.

-Joder, tanta movida para un puto mensaje, en fin, veamos: “Trabajo urgente, compruebe su correo electrónico”

Vale, mensaje de la agencia. Normalmente yo miro el correo después de comer porque la hora estándar del envío masivo de mensajes es a las 3 de la tarde, sin embargo, hay veces que las clientes ponen una hora para el encuentro anterior a las 7 de la tarde y entonces se envía un sms a todos los posibles interesados (normalmente uno o dos) y tenemos que contestar en 1 hora. Si esto no sucede se supone que hemos rechazado el trabajo. Así que me tocó encender mi portátil y comprobar mi correo: “Pareja de 40 años ella y 43 él requieren un hombre de menos de 30 para fantasías sexuales. El trabajo consiste en tener sexo con la clienta mientras el cliente filma con su cámara.”

Desde luego la gente está enferma. Pero bueno, ya que eran las 10 de la mañana del domingo y me habían despertado, iré a satisfacer a la perturbada mente del cinéfilo y a la vez satisfacer el cuerpo de la mujer, en fin, clic en “confirmar”. Unos segundos más tarde se me indica que tengo un email nuevo.

“Se le requiere para un trabajo que consistirá en tener sexo con una mujer de 40 años. Este matrimonio necesita de sus servicios para grabar un video de contenido pornográfico casero. Mientras usted satisface carnalmente a la mujer el marido le indicará sus preferencias así como las posturas amatorias para la realización del video. Éste video no será nunca distribuido en ninguna red (televisión, videoclubs, cines o internet) si esto sucediera le recordamos que la agencia emprendería las oportunas acciones contra los clientes. Le esperan en la dirección indicada más abajo a las 3 de la tarde.”

¡A las 3 de la tarde! en fin, con suerte en un par de horas estará hecho su video y no tendré que soportar más en todo el día una cámara enfocándome el culo mientras el operario se sujeta su miembro al ver como se cepillan a su mujer. Miro las fotos de la agradable pareja por encima y me voy a prepararme un desayuno. En la ducha me doy cuenta de  las secuelas de ayer en mis posaderas al notarlas mucho más sensibles, además de unas pequeñas zonas quemadas en mi pecho que pese a no doler reconozco que afeaban mi torso.

La casa de mis clientes quedaba básicamente a tomar por culo, así que salí pronto y cogí el transporte público (tenía bastante tiempo). Pasee una vez que llegué por la zona residencial de las afueras. Era un lugar bonito, agradable y tranquilo, pero sobre todo: caro. Comprobé en mi teléfono móvil la dirección donde me encontraba con la del correo electrónico y al asegurarme de ser correcta apreté el timbre esperando contestación. Mientras aguardaba la sonoridad de alguna voz miré despistadamente la casa: Jardín, algo que desde mi posición parecía una piscina  en la parte de atrás, casa de dos pisos, de estilo moderno, en tonos grises y negros, es decir, una casa de diseño para gente con mucho dinero que se puede permitir pagarme a mí para rodar un video con el que ponerse cachondos un domingo porque se aburren.

- ¿Ssi? -me sorprendió la voz del interfono.
- Buenas tardes, vengo de la agencia, creo que han solicitado mi presencia – esto queda bastante extraño decirlo, pero mi mente es incapaz de decir “mis servicios” sin que mi cuerpo se ría y decir “soy el que se va a follar a su mujer” no es muy discreto además de bastante poco seguro si me equivoco de casa.
- ¡Ah sí! Muy puntual, pasa y da la vuelta al jardín, estamos en la piscina.

Pasé hacia dentro obediente y al girar la casa me encontré con un set de rodaje al 100%, dos potentes focos para iluminar la escena, dos cámaras XDCAM, una para llevar en el hombro y otra en un trípode. Rodeado todo de parafernalia extraña y maquillajes por las sillas, parecía que llevaban un buen rato preparando cosas pero aún así los había pillado pronto. Se me acercó el “director” de aquella cosa que llamarían película sonriendo y mientras yo alargaba la mano para estrechársela el me dio un frugal abrazo.

- ¡Hooola! ¿qué tal, qué tal, qué tal? oye mira, que ssiento tener que llamarte tan rápido y no poder preparar essto un poco máss – me dijo alegremente. Su voz, como ya me había parecido anteriormente, tenía ese tono “superideal”  que posee mucha gente de su clase.
- Ehh… bueno… yo… tenía entendido que era un video casero para ustedes… – pregunté flipando todavía con todo el montaje.
- Ssí, ssi, ssi, lo que passa ess que verass, te explico: llevo unos años esstudiando a los grandess directoooress y pesse a que essto ess para la excitación de mi mujer y yo, o ssea, para verlo en nuesstros momentitoss intimoss, no ssé ssi me explico…
- Se explica perfectamente.
- Puess lo que te digo, que yo esstoy ssuper fasscinado por los trabajoss de los máss grandess y me dije: “Puess ya vess Antuan, o ssea, tu para esstas cossillas ssegurissimo que valess y sseguro que lo hacess fenomenalmente ideal – aquí casi se me escapa una carcajada – assí que ya vess, te contratass a alguien para tu Cuchi – supuse que sería el nombre de la coprotagonista – y tú te poness como el mejor Almodovar – ¿acaso hay varios Almodóvares?.
- Hoooolaaaaaaaaaaaaa, holiiiiiiiiiiitaaaaaaaaaaaaaaaaaaa – con todos ustedes la actriz principal y su aguda a la par que ofensiva voz.
- Cuchi supongo -dije a la recién llegada.
- ¡¡¡Ayyy siiii!!! que super ideaaall, que mooonooo ya sabe cómo me llamo y toodooooo – empezaba a tener la sensación de que mi agencia me odiaba y que en vez de despedirme me enviaba con gente así para putearme.
- Bueno, bueno Cuchi, no te precipites que  ahora tiene que prepararsse, mira veráss en la puerta que vess ahí a la derecha – me indicaba con su brazo la dirección – tieness la parte de arriba para la cabeza, aquí essto ess para el cuerpo. Primero te me poness todo o ssea, esste que te doy y luego ya al quitartelo te poness otro porque esste no lo tendráss puessto -  reconozco que su lógica era aplastante.

Me dio el traje y al colocarlo sobre mi brazo me gustó el tacto de la tela gris, me encaminé hacia mi “vestuario”, encendí la luz una vez dentro y vi la parte superior de mi traje: no me lo podia creer. Desdoblé incrédulamente la vestimenta que me había dado mi anfitrión y vi que mis sospechas eran correctas: ¡Querían que me vistiera de conejo! El traje consistía en una tela de cuerpo entero gris con la barriga blanca haciendo juego al pompón que hacia de cola. En el pecho, imitando de la forma más cutre posible a los osos amorosos tenía dibujado un pene con sus dos testículos uno a cada lado. Para la cabeza me tenía que meter dentro de un casco con dos orejones que difícilmente se mantenían erguidos cerrado por delante con una triste cartulina en la que había dibujada una boca sonriente y pegados encima otra cartulina blanca que simulaba los prominentes incisivos y otros dos círculos negros haciendo de ojos. Una vez me vestí y me miré al espejo mis peores temores se vieron confirmados: Era como el hermano bastardo abandonado y apaleado desde pequeño de Bugs Bunny después de pasar una noche de alcohol y drogas siendo apaleado después en el callejón donde dormía. Creo que os haréis una idea de lo que era verme.

Me quité la parte superior que encerraba mi cabeza y salí andando como pude de aquella habitación, nada más verme ambos clientes vinieron rápidamente para ver cómo me quedaba el… “traje”.

- A veeer, a veer, a veeer, porfiiiiii, ponte las oreejaasss – me suplicó ella, solo por no oír esa aguda voz haría lo que fuese, así que me encasqueté aquella cosa que llamaba “orejas”. Ellos se miraron uno a otro y sonriendo dijeron al unísono.
- ¡¡¡Ess suuupeeerr!!!

Pensé ingenuamente que aquello no podía empeorar pero en ese instante, mientras volvía a respirar sin aquella cosa en mi cabeza, me llegó el director del engendro para darme el “guión”.

- Bueno verass, la rodaremoss cronológicamente como “El accidente” de Michel Night – con esto creo que quiso decir “El incidente” de M. Night Shyamalan (y no, la M no es de Michel), empezábamos bien, la película no me gustó, y esta tenía pinta que tampoco me iba a gustar – así que puedess leer el guion a ver si no te ess difícil de memorizar.

Algo me decía que no lo iba a ser, cogí los 4 folios que me dio y empecé a leer:

“Escena 1, Cuchi tomando el sol y el conejo llega desde la derecha, empiezan a hablar
Cuchi: ¿Aiisss pero esto qué es?
Conejo: Soy un conejo follador del planeta de los conejos folladores y he venido para follar todos los conejos de este planeta.”

Alcé la cabeza y le pregunté a mi anfitrión que se apresuraba ultimando la colocación del set: “¿esto de Nietzsche no es, verdad?”
- ¡¡Uy no!! No conozco a esse sseñor ¿ess de por aquí? lo esscribí yo solo – hasta puso de cara de orgullo – Bueno, ¿creess que podráss decirlo ya? ¿o necessitass máss tiempo?
- En fin… creo que podré con ello.

Pienso que en todos los días de mi vida no me había sentido tan ridículo, incluso en esos momentos empecé a añorar los azotes que el día anterior recibía en una cama de un hotel perdido. Me encontraba a un lado de la casa, viendo a una mujer no muy atractiva de primeras, que además se hacía llamar Cuchi en albornoz repantigada en una tumbona, con su marido aspirante a director de películas porno contando desde 3 hacia atrás para darme paso. Por si se os había olvidado, sumad a todo lo anterior que estaba vestido de conejo.

-Aaaaccióoon – dijo él
- ¿Aiisss pero esto qué es? – dijo ella dándome la entrada
- Buenas – suspiré – soy un conejo follador de… – “ay que joderse” me dije mentalmente- del planeta de los conejos folladores y he venido para follar a todos los conejos de este planeta
- Un momeeentiiiitooooo -  se me acercó mi cliente – verass, verasss, verassss, tieness que ssacaaaarlo de dentro, expressaarte como un coneejo, penssaaar como un conejo… vamoss con otra ¿vaale?

¿Pensar como un conejo? Pero vamos a ver, ¿en qué momento del contrato traía que yo me tenía que vestir como un idiota? (además de un idiota en modo cutre) ¿y ahora que quiere el pavo este, que me convierta en un conejo? Es increíble las ganas que puedes tener de follar y largarte en condiciones que nunca imaginarias.

-Aaaaccióoon – dijo él nuevamente
- ¿Aiisss pero esto qué es?
- Hoooooolaaaaa, soy el… ¡coneeejo follador! y vengo deel… ¡planeta de los coneeejos folladooooreeess! y he veniiidoo paara… ¡follaaarme a todos los coneejooos de esteee planeeetaaaaa! – ¿os acordáis del mítico “¿cómo están ustedes?” de Miliki, Fofó y compañía? Pues aplicarle la frase a su tono y ya tenéis mi brillantísima actuación. Lo que no me extrañó sin embargo fueron las siguientes palabras de nuestro director.
- Ha ssssiiido ssuuupeeeeeeeeeeeerrrr!! – si es que era de esperar…. – Ahora vamoss, vamosss a la ssiguiente esscenaaaa!!!

En fin, ahora debería empezar lo fácil…

Memorias de un gigoló: capítulo 7

•20 Febrero , 2009 • Dejar un comentario

Capítulo 7 – Tensión, sudor y orgasmos -

Mi ama se subió y apoyó sus rodillas a los lados de mis hombros, yo seguía sin ver nada de nada, sentí una tela que me caía en el pecho y me di cuenta de lo que había pasado con la nueva instrucción de mi ama.

-Lámelo.

No había mucha opción a la duda con una orden como esta, así que esperé y cuando sentí su sexo en mi boca saqué lentamente la lengua y la introduje en ella moviéndola a los lados encontrando las delimitaciones de su sexo en todas direcciones. Subí hacia arriba y comprobé su duro clítoris, apoyé mis labios alrededor de éste y apreté suavemente con mi lengua, me separé lentamente y volví a succionar rápidamente, interconectando succiones y pequeños lamidos en la zona superior de su vagina, desde su interior hasta volver nuevamente al clítoris, sentía como sus piernas se estremecían lo que me hizo seguir con mi labor. Empezó a moverse hacia arriba y hacia abajo, movimientos que seguía con mi cabeza para no perder el tacto con su sexo. Se apretó contra mi boca y durante unos segundos sentí un gemido desde su lejana boca y seguidamente se separó de mí sentándose en mí pecho, así pude sentir la humedad de sus labios en mi piel.

Se levantó de encima de mí y desde su posición de pie al lado fue acariciándome el cuerpo hasta llegar a mi verga. Yo ya estaba totalmente excitado ante esta nueva situación por lo tanto lucia ya dura. Sentí unas manos que me acariciaban el interior de los muslos y  mis testículos, aspiré profundamente ante el tacto de sus manos y sentí como una lengua me recorría mi miembro desde la base hasta la parte superior del glande, volvió a bajar y suavemente rozó sus dientes en otra ascensión, cerrando su boca suavemente mientras los dientes recorrían mi glande dándome una sensación que se debatía entre el miedo a que me mordiera y el placer que me producía su boca. Así se mantuvo un rato proporcionándome un placer que se oponía diametralmente al dolor que todavía estaba latente en mi piel.

Sentí como se levantaba y se colocaba encima de mi para coger mi miembro, colocarlo en la entrada de su sexo y hacer que la penetrara lentamente, subía y bajaba mientras oía su respiración cada vez más acelerada y gemidos que se escapaban de su boca. Un instante después dejo caer todo su peso sobre mí para que llegara a lo más profundo de su ser. Noté como se movía encima de mí estirándose hacia mi cabeza y der de repente mis ojos volvieron a percibir algo claridad a través de mis parpados.

- Quiero que ahora me veas – me dijo con su excitada voz.

Apoyó sus manos en mis rodillas y empezó a moverse lentamente hacia adelante y hacia atrás, primero pausadamente aunque rápidamente su velocidad fue aumentando. Mis ojos estaban acostumbrados a su temporal ceguera y tardaron un pequeño instante en poder visualizar correctamente la situación, alcé levemente la cabeza para mirar a mi alrededor. Primero vi a mi clienta cabalgándome con su cuerpo echado hacia atrás y su cabeza mirando al techo con sus ojos cerrados mascullando gemidos y frases que yo no podía entender. Subí la cabeza lo que me permitían mis esposados brazos y vislumbré de nuevo la habitación iluminada por las velas (incluyendo una en el suelo a mi derecha cuya cera también reposaba en mi pecho) y al girar la cabeza a mi izquierda vi a mi compañero sometido por su ama de diferente manera que yo. Su pelirroja clienta yacía echada en la cama con una mano en la cadena que la permitía el control sobre mi socio. Desde el collar adonde llegaba la cadena salía una estrecha cuerda que ataba también  las manos de él a su espalda. Se encontraba de rodillas en la cama con su cara sobre el pelirrojo sexo de su ama, ella le sujetaba del pelo para hacerle tanto mantener un leve equilibrio como para obligarle a satisfacer sus deseos.

Mientras observaba el largo cuero del ama de mi compañero, centrándome detenidamente en su sexo y sus pechos y deleitándome con su cara reflejando el placer que le proporcionaba la lengua de mi colega, sentí como una mano me cogía fuertemente de mi mandíbula y me obligaba a mirar al frente.

- ¿Qué miras cerdo vicioso? ¿acaso no te gusta tu ama? – me dijo esto mientras con su otra mano me pellizcaba duramente el pecho.
- ¡¡Ahhh!! ¡¡si me gusta sí!! -le dije con una voz más excitada de lo que yo pensaba.

Sentí su risa mientras ella relajaba su presión en mi pecho. Apoyaba ahora ella sus manos a los lados de mis costillas mientras cambiaba su movimiento a uno ascendente y descendente. Fijé mi mirada en la cara de mi ama y contemplé su desnudo cuerpo, arqueada hacia adelante vi como debajo de su antifaz sus ojos me miraban y se pasaba su lengua por sus labios para luego mordérselos suavemente. Bajando la mirada contemplé unos pechos pequeños y bonitos, con unos pezones duros, tal y como yo me los había imaginado anteriormente cuando los lamí con gusto. Su vientre dibujaba una pequeña cicatriz y más abajo veía el camino hacia su sexo donde se perfilaba un cuidado y corto vello. Se abalanzó sobre mí sin dejar su movimiento poniendo su mano sobre mi cuello, me apretó la nuez lo justo para provocarme molestar y una pequeña dificultad para respirar.

- ¿Te gusta mísero esclavo?

No podía responder por el dolor creciente en mi cuello, soltó un poco su presión y volvió a ejercerla mientras presionaba su cuerpo junto al mío para que la penetrara más profundamente. Hizo esto dos o tres veces hasta que soltó su cuello y empezó a moverse caóticamente sobre mi miembro, cada vez más rápido: iba a tener un orgasmo. Así siguió durante un par de minutos y a la vez que me arañaba ferozmente el estómago soltó un profundo gemido dejando su anterior frenético movimiento. Nuevamente se curvó hacia atrás apretándome las rodillas con sus manos y noté en ese momento la humedad de su sexo y las palpitaciones del mismo mientras ella me movía lentamente dentro de ella. Volvió a mirarme, se levantó y se acomodó de rodillas al lado de mi cama, cogió mi miembro con una mano y mis testículos con la otra apretándolos con firmeza, así empezó a mover su mano y entendí lo que quería: ahora me tocaba a mi tener un orgasmo.

Mi ama movía cada vez más rápido su mano intercalándola con su boca en algunos momentos, volví entonces a escudriñar mi habitación y observé primero la parte trasera del cuerpo de mi clienta y después volví a fijar mi mirada en mi compañero y su clienta. Él estaba atado con la cadena a la cama y sentado con las manos atrás mientras su ama se sentaba encima de él dándole la espalda. Él con sus manos a la espalda no podía tocarla y la longitud de la cadena no permitía ningún movimiento hacia el cuerpo de ella. Ella hacia esta situación más grave al doblar su espalda hacia adelante, sentía sus gemidos deleitándome con la imagen cuando una presión emergente se centraba en mi entrepierna.

-Joder, me voy a correr – dije forzadamente.

Mi clienta se colocó entre mis piernas sin soltarme hasta que empezó a mover su mano todavía más rápido haciendo que corriera sobre mí mismo. Cuando los efectos de mi orgasmo desanublaron mi mente la vi sonriéndome acariciando todavía mis genitales. Recobré de nuevo el aliento y sentí palabras masculladas por mi compañero. Miré hacia su zona y vi a su clienta levantarse y hacerle la misma operación que mi ama me había hecho a mi consiguiendo que en segundos mi amigo se corriera sobre el pecho de ella.

- Tío, no sé si matarte o besarte – le dije a mi socio mientras nuestras respectivas amas y a la vez clientas se iban al baño.
- Jajajaja pues si me vas a besar, que sepas que hasta dentro de un rato no estaré pleno de facultades para ti.

Mientras nos reíamos volvieron nuestras amas y sin decirnos ni una palabra se vistieron con sus trajes de cuero, nos desataron de nuestra prisión y se fueron rápidamente no dándome tiempo a decir nada mientras me acariciaba mis maltrechas muñecas. Allí estábamos mi compañero y yo sudorosos, desnudos, en una habitación bastante turbia y por si fuera poco yo sentía mi estómago pegajoso por mis propios fluidos. Me levanté y me fui al baño, después de limpiarme (“menos mal que es mío”, pensé) salí y empecé a vestirme.

- Tío, ¿por qué coño no me avisaste de que me iban a azafranar a ostias? hubiera sido un detalle por tu parte – pregunté a mi compañero mientras él cogía el turno del baño.
- Porque no tenía claro que hubieses venido en ese caso, dime ¿lo hubieses hecho? – me preguntó desde su posición.
- Te hubiera costado bastante más hacer que viniera si era para que me quemaran el pecho o me azotaran el culo.
- Jajaja ¿ves? por eso no te dije nada, y ahora ¿volverás a venir?
- Hombre… reconozco que una vez pasado… igual no está del todo mal, pero eso de verte a ti empalmado perdido, sigue sin convencerme.
- Jajaja, me alegro que sigas de buen humor, porque ahora voy a confesarte la verdad, esto no era un trabajo.
- ¿Qué? – dije totalmente sorprendido
- Que no es un trabajo. Todos los sábados, por lo menos la mayoría, quedo con estas dos tías para una sesión light de sado, vamos, lo que has visto. Iba a comentártelo un día pero hoy resultó que necesitaba a alguien para venir conmigo ya que ellas no habían conseguido otro acompañante y es una de nuestras normas. Por ello no tenía tiempo para convencerte de algo así ni dibujártelo bonito para ti. Por cierto, la otra norma que tenemos es que si dices “basta” dejarán de hacer lo que están haciendo.
- ¡¡Serás hijo de puta!! Y yo pensando que todo esto iba por dinero, que me iban a meter un consolador como la torre Eiffel de grande por el culo, que me iban a arrancar un pezón solo por dinero y me dices que es mentira.
- Lo siento tío, no te cabrees conmigo, pero no me negarás que ha sido una buena experiencia… – me miró con cara de disculpa, pero el final de la frase lo delataba.
- Yo a ti un día te mato, que sepas que mi próxima señora de 80 años te toca a ti por cabrón. – mostré mi malestar, pero después de todo lo vivido, era difícil concentrarse en un solo sentimiento.
- Vaaale, es justo, ¿nos tomamos una cerveza?
- Vale, pero la pagas tú, y las pizzas del partido de hoy también, y solo por esto vas a estar pagándome cosas hasta el día del juicio.
- Jajaja acepto, ¿pero el sábado que viene cuento contigo no?
- … bueno… ¿dices que con “basta” paran verdad?
- Jajajaja, al final eres un cerdo, y no tienes mayor definición.
- También es verdad… – contesté sinceramente

Y así nos fuimos a mi casa mientras en el viaje me dedicaba a llamar a los colegas para citarlos a ver el partido que comenzaría en breves instantes. Reconozco que me molestó el no cobrar por el trabajo (aunque un trabajo de “solo sexo” no es algo que enriquezca mucho, algo que ayuda también a que duela menos) pero al fin y al cabo era un favor desde un principio (y tampoco había estado tan mal). Por otra parte me sé de uno que va a estar pagándome las cenas de los sábados hasta que los grillos bailen claqué al son de su canto. En fin, creo que me plantearé de nuevo mi rutina de los sábados…

… un día de relax en mi vida, mañana toca trabajo…

Memorias de un gigoló: capítulo 6

•19 Febrero , 2009 • Dejar un comentario

Capítulo 6 – Éxtasis con una pizca de dolor -

Al abrirse la puerta contemplé a dos mujeres vestidas de cuero negro con un pequeño látigo también de cuero de múltiples cuerdas. Si no fuera por su vestimenta de cuerpo entero negra (y el citado látigo sobre todo) reconozco que ambas mujeres mantenían un cuerpo bonito. Sus ceñidos trajes mostraban dos mujeres de complexión delgada, pechos pequeños y hermosas cabelleras, una rubia y otra pelirroja. Sus trajes negros cubrían las piernas y el estómago completamente y llegaban hasta los hombros en forma de tirantes, la espalda estaba totalmente cubierta a su vez y solo dejaban visualizar sus hombros y antebrazos además de un generoso escote que terminaba en una cremallera que bajaba hasta debajo de su vientre. Ambas llevaban guantes que cubrían sus manos hasta casi los codos y un pequeño antifaz también negro hacía que solo en su cara se vieran sus lascivos ojos y sus sensualmente rojos labios. El resto de la habitación tampoco desmerecía la situación: las paredes estaban iluminadas por un número ingente de velas colocadas en diferentes lugares y los bailes de sus llamas dibujaban fantasmagóricas imágenes en las paredes violáceas (o eso parecía con esa luz). Lo que más me impresionó era que había en una mesa colocados estratégicamente un ingente ejercito de juguetes sexuales: Consoladores de mil formas (y tamaños) diferentes, fustas, más látigos, estimuladores de pezones que iban desde pequeños anillos hasta estimuladores eléctricos, palas de azote y distintos tipos de amarres corporales. Mientras intentaba tragar saliva recorrí con mi vista el resto de la habitación donde había varios cuadros con imágenes vintage bastante explícitas y otras imágenes de gente atada en posiciones a cada cual más extraña que miraban sometidos a sus amos normalmente de pie, al lado de ellos.

- ¿A dónde coño me has traido? -pregunté temerosamente inclinándome levemente sobre mi amigo.
- A un trabajo con dos mujeres, ¿no lo estás viendo? – respondió él con una sonrisa, evidentemente me conocía y sabia que llegados a ese punto, yo no iba a salir huyendo de allí.
- Te juro que si no te corta una de ellas los huevos lo voy a hacer yo después de esto.
- Anda, anda, si al final te gustará, por cierto, lo de antes si era un grito ¿no te puso cachondo?

Mientras ponáa a parir a todos los santos del cielo y encomendaba mi alma a todos los dioses que se me ocurrían, vi que se acercaba hacia a mí la mujer rubia y mientras me colocaba un collar con una cadena me di cuenta de que yo había visto ese hotel por la televisión ¡era un local de bondage y sadomasoquismo! ¿cómo coño no me había acordado antes y así hubiera podido huir? En fin, de lo malo saldría con una experiencia más… si es que salía de allí. Estaba yo debatiéndome en mis pensamientos e intentaba apartar de mi mente las imágenes del documental en las que se veía a hombres penetrados analmente con consoladores de gran tamaño y zonas de piel enrojecidas debidas a impactos de látigo, fustas y otros objetos cuando mi “ama” tiró de la cadena que la unía con mi cuello y me hizo avanzar hasta el medio de la habitación. Mi corazón latía a 200 pulsaciones y no por excitación precisamente.

- Quítate la camisa y los pantalones – no hay ni que decir que obedecí y me quedé en gallumbos rápidamente, no suelo jugar con gente con látigo y hacerme el duro en esa situación no me parecía muy sensato.
- Ahora échate en la cama y pasa los brazos por encima de la cabeza.

Obedecí como un niño bueno otra vez echándome en la cama (que hay que reconocer que por lo menos era cómoda) y pasé mis manos por encima de mi cabeza, en mi mente tenía la ilusa idea de que me hiciera sufrir a cosquillas en mis axilas, pero cuando la vi acercarse ya supuse que no. Pasó el cuero del látigo por el interior de mis piernas acariciándome los gemelos y los abductores, se recreó durante unos segundos por mi zona genital y siguió subiendo por mi abdomen y pecho. Cuando llegaba a mi cara dejó el látigo a mi lado y bajó un poco la cremallera de su traje permitiéndome ver completamente su canalillo y la parte inferior de sus pechos (al fin algo mínimamente agradable pensé). En ese momento se sentó encima de mí, y apoyada en mi estómago se echó hacia delante ocultándome el resto de la habitación con su pecho, sentí el calor que emanaba de su piel e intenté alzar mi cabeza para lamerle el canalillo (¿hay que recordar para que estaba yo allí?) pero ella jugaba conmigo colocándose a una distancia desde la cual, estando ella sujetando mis muñecas yo no podía tocarla, intenté esto dos o tres veces mientras oía como ella se reía burlona. Eché mi cabeza hacia atrás mientras ella soltaba una de mis muñecas y sentí un contacto metálico y frio en ellas, al sentir los dos “clics” me di cuenta: ¡me había esposado a la cama! justo cuando me daba cuenta de mi situación ella se levantó y me quitó el collar de mi cuello.

-Date la vuelta ahora – me dijo sin el más leve ápice de bondad.

Esto a mi ya me acojonaba, las imágenes de hombres violados analmente volvió a mi cabeza de una forma muy realista y empecé a sudar (aunque reconozco que tenerla a ella encima de mí si me habia gustado), sentí como me bajaba los gallumbos e instintivamente apreté mis glúteos. Quedé desnudo boca abajo en su cama ladeé mi cabeza para intentar visualizarla y saber cuál iba a ser mi porvenir (y el de mi virginidad anal). Ella me vio mientras buscaba un objeto en la mesa y volvió hacia a mi.

- Parece que al esclavo le gusta mirar, pues debe de saber que a su ama no le gustan los esclavos curiosos.

No es que “esclavo” sea una palabra llena de connotaciones agradables pero creo que nunca me sonó tan mal como en la voz suave de aquella mujer. Se volvió a ir y pese a que yo me quedé muy quietecito por si acaso y no levante la cabeza, ella volvió rápidamente y me puso un antifaz para taparme los ojos. Así que allí me encontraba yo en una tarde de sábado, desnudo y ciego en un hotel donde se oían gritos y lamentos, boca abajo esperando un trato vejatorio de una mujer que no conocía y acordándome de la familia de mi socio de una manera poco agradable.

- ¡¡¡Ahhhh!!! ¡¡¡ostiaaaass!!! – grité.
- Jajajaja dale más fuerte, hasta que le guste – oí la voz de la otra mujer a la que supuse dándole una lección semejante a mi colega.
- ¡¡Joder mi culo!! – volví a gritar cuando la paleta de cuero volvió a besar mi piel. Sentía las risas de tres personas.. ¿tres? ¡será cabrón el tío vicioso! (también es tremendo que yo precisamente llame a alguien vicioso).

Mi ama repitió un par de veces gustosa los azotes y mientras mis posaderas ardían  por los impactos sentí a los lados de mi cadera que la cama se hundía, mi ama se había puesto de pies con sus botas de largo tacón apoyadas a mis lados. Mi lado derecho perdió presión y empecé a sentir un afilado tacón que me recorría la columna subiendo y bajando hasta que lentamente siguió su ruta descendente entre mis nalgas llegando a acariciar (por decirlo de alguna forma) en su ruta levemente mi escroto lo que me hizo tener un pequeño escalofrío.

Me obligó a darme la vuelta de nuevo, lo cual agradeció un poco mi culo, sin embargo, el saber que había una mujer delante de mí con objetos que podían provocarme dolor, bastante pasión por provocar dicho dolor y sumado que yo estaba totalmente desnudo me hizo preocuparme (más si cabe) sobre mi integridad física (sobre todo la de la zona entre mis piernas).

- Venga, se buena con él que es su primera vez – oí decir a la criatura que me había llevado hasta esa situación, “será cabrón” pensé.

Sentí como bajaba una cremallera y el sonido del cuero doblándose sobre si mismo. Unos segundos más tarde  dos piernas doblándose a los lados de mi cintura me acariciaban la piel y mi ama como se apoyaba con cuidado justo debajo de mi estómago. La piel de sus piernas junto a mi piel era suave y el tacto del cuero del tanga que cubría su sexo en mi ombligo era agradable. Noté cómo ella se echaba hacia adelante lo que me permitió sentir sus pechos en mi pecho y me sorprendió notar como me lamía los labios. Cuando intenté capturar su lengua con la mía se aparto y se alzó levemente apoyando sus manos a los lados de mi cabeza bajando seguidamente su tronco para ponerme su pezones en mi boca. Desde mi oscuridad absoluta me afanaba por lamer y juguetear en mi boca con ellos siendo un buen esclavo. Ella a su vez jugaba conmigo moviendo su pecho para que mis atentos cuidados no se centraran en una sola parte de su cuerpo. Me estiraba lo que mis brazos y espalda me permitían y buscaba en mi noche su cuerpo para seguir disfrutando de ese momento de placer que mi ama me proporcionaba hasta que la sentí volver a sentarse sobre mí, alzarse nuevamente y coger algo de la mesita cercana.

- ¡¡Ostias que me quemo!! – grité al sentir un ardiente líquido sobre mi pecho.
- Vamos haré que te guste – me dijo mi clienta transformada en ama.

Sentí como rápidamente se enfriaba y solidificaba el extraño líquido y supe lo que era:  ¡ella había cogido una vela y me estaba lanzando gotitas de cera por mi cuerpo!. Empezó a acariciarme entre las piernas y volvió a repartir unas gotitas de cera por mi cuerpo. Mis sentidos empezaban a confundirse entre sí: por un lado notaba las gotas de cera quemar mi piel a la vez de que por otro lado me regocijaban las hábiles manos de mi clienta que me acariciaban mis testículos sin menospreciar mi verga. Sentí como aquella situación empezaba a gustarme y empecé a tener una erección. Mi ama dándose cuenta de esto volvió a lanzar gotas de cero y yo grité de nuevo, aunque en esta ocasión el grito se difuminó al final en un leve jadeo, su mano empezó a centrarse solo en mi miembro cuando sentí sus largas uñas acariciándolo levemente. Oí como dejaba un objeto en suelo y entendí que era la vela, volvió a colocarse encima de mí y se echó encima de mí, haciéndome sentir otra vez el contacto con su piel. Mientras sentía como ella frotaba mi falo entre sus nalgas sentí su aliento cerca de mi cara y su voz me dijo al oído:

- Parece que ahora empieza a gustarte…

Memorias de un gigoló: capítulo 5

•19 Febrero , 2009 • Dejar un comentario

Capítulo 5 – ¿Día de relax? no exactamente -

Hoy el despertador suena a las  12 de la mañana: abro los ojos, me desperezo y al levantarme voy a mi rutina de los sábados. Llego a mi sofá, enciendo la tele y me hecho a lo largo a vegetar tranquilamente. En la profesión de gigoló, aunque parezca extraño, los fines de semana (sobre todo los sábados) son días en los que te puedes pasar todo el día en casa y tomarte un merecido descanso en el trajín de la semana. Esto viene dado porque muchos jóvenes se aficionan a esta profesión mientras tienen otros oficios en los días semanales. Cuando estás empezando en esta profesión no tienes una cartera de clientas que puedan satisfacer tus crecientes lujos por lo tanto es normal, o bien tener una profesión aparte, o bien acabar los estudios de una extraña carrera universitaria. El resultado de esta superposición de obligaciones laborales es que los viernes y sobre todo los sábados hay muchos chicos de compañía disponibles y mi experiencia laboral me ofrece la posibilidad de pasarme el sábado en casa sin hacer nada.

Así pasaba yo tranquilamente mi sábado: si no veía un programa de televisión, disfrutaba con los videojuegos. Si veía una película por los canales digitales y me amodorraba, me echaba una siesta. Quizás resulte hogareño en exceso, pero para alguien que vive en los hoteles y en camas ajenas una tranquila tarde en el sofá de casa puede ser lo más cercano al paraíso terrenal. Llegaban las 7 de la tarde sin hacer nada y pensé en llamar a mis colegas para reunirnos delante del televisor con unas cervezas y deleitarnos con el opio del pueblo: el fútbol. Así que me puse manos a la obra y a medio metro del mi teléfono, éste empezó a sonar, puesto que ya que estaba cerca, respondí.

- ¿Si?, ¿quién es? – pregunté perezosamente.
- ¡¡¡¡Tío, tío, tío, tío, tío, tío!!!! – sentí nerviosamente al otro lado de la línea – ¡¡¡necesito que me ayudeessssssss!!!, soy yo y necesito que me ayudes, tal que ¡¡¡ya!!! – reconocí su voz, pero me apeteció burlarme de él.
-Pues por “yo” no me viene nadie a la cabeza…
- A ver imbécil, que no estoy de guasa, de verdad que tengo un problemón ¡¡tengo un pedido de la agencia!! – Mi colega de profesión (y colega fuera de ella) me llamaba bastante tenso y conseguía decir las palabras a duras penas, sin embargo, siendo un problema acerca de una clienta, seguí mofándome.
- Entiendo que sea un problema para ti, con lo feo que eres ya ni sabrás lo que es acostarte con una mujer, jejeje.
- A ver Brad Pitt de los huevos ¿qué tienes hoy en casa una gala del festival del humor y estás entrenándote? Tengo un problema muy gordo con dos clientas.
- No me digas más: no eres capaz con dos mujeres, mira que te lo digo, que para estas cosas hay que valer, que no es tan fácil.
- Lo que me gusta de ti como colega es que subes el animo a cualquiera. A ver que te explico antes de que vaya a tu casa a arrancarte la cabeza: tengo a dos clientas que habían contratado a dos gigolós, solo sexo y nada más en una habitación de un hotel a las afueras de la ciudad. Dijeron explícitamente que no quieren a uno, obligatoriamente  quieren dos para verse cada una con un tío diferente en la misma habitación, vale, yo tampoco lo entiendo mucho pero si pagan a mi me da igual.
- Amén tío, me encanta tu filosofía.
- Bueno, pues el rollo es que la agencia contactó conmigo y con otro compañero y ahora que el otro pavo no va a aparecer quién sabe por qué ¡y ahora no tengo a nadie y no puedo ir yo solo!
- Buff… no sé tío, es que a mí eso de sexo por dinero… no sé si será mi rollo
- ¡Uy es cierto! se me olvidó que ahora te da por el estudio de las amebas, mira, si no supiera que esa respuesta quiere decir que vas a venir, me cabrearía mucho.
- Jajajaa, como me conoces ladrón, eso si, no respondo de cuando vea tu culo en pompa cerca de mi cama. Por cierto ¿en dónde y cuándo nos vemos?
- En 40 minutos máximo, de hecho pon 30, paso por tu casa.
- ¡¡¡Ostias!!! ¡¡cómo no me dijiste que era tan urgente!!
- Un día te pego, te lo juro, un día te pego, venga vístete y te veo enseguida.
- Hasta ahora, me preparo volando – en este momento colgué (o más bien lancé) el auricular del teléfono sobre su base y me metí en la ducha lanzando mis gallumbos al aire, casi no les había dado tiempo llegar al suelo y ya estaba fuera afeitándome (o algo parecido) y vistiéndome: unos vaqueros de marca y una camisa, suficiente para el nivel de mis clientas, y si no, tampoco me va a durar mucho la ropa.

Sentí mi móvil zumbar y empezar su melodía, supuse que había llegado mi compañero de  profesión y cogí el móvil para cerciorarme. Del armario cogí una americana y salí a la calle cerrando apresuradamente. Al pasar por el cristal me cercioré que pese al discreto tiempo del que tuve para prepararme no estaba mal del todo.

- ¿Qué tal tío? – le saludé mientras entraba en su coche deportivo – siempre me impresionan tus coches, cuéntame ¿a que ricachón se la chupas?
- Jajajaja, a los que me regalan coches bonitos jajajaja -nos reímos los dos – oye tío, en serio, gracias por hacerme este favor.
- Nada hombre, espero que sea un polvo cortito y llegar pronto a casa – le contesté.
- Jejeje, para ti no creo que sea un problema hacerlo corto, todo lo contrario al revés – me respondió con sorna.
- Jajaja, tu juega y te arreglas tu solo con las dos clientas – respondí.

Todo el camino fuimos hablando sobre temas banales, como comenté antes, aparte de nuestra vida profesional somos colegas y nos une una buena amistad, por lo tanto nos es fácil hablar distendidamente de temas insustanciales mientras pasamos por las calles de la ciudad (a bastante velocidad por cierto) y cuando intuí que podíamos estar llegando (ya que empezábamos a llegar a las afueras) le pregunté sobre el trabajo un poco más. Normalmente soy bastante cuidadoso e intento fijarme en los detalles para poder conocer lo más posible a mis clientas antes de un trabajo, sin embargo, en trabajos de estas características el único requisito es que se tenga un pene entre las piernas que funcione, por lo tanto es sencillo entender que no suelen llevar una preparación muy cuidadosa (el problema sería si no tuviera susodicha “herramienta” pero de momento sigue ahí y no me ha abandonado). Aun así pregunte por lo que nos íbamos a llevar entre manos (y entre lo que no son las manos):

- Bueno dime, ¿en que clase de trabajo te voy a dar una lección ahora?
- Como te decía, el trabajo consiste en llegar a una habitación y tener sexo con dos mujeres ¿aún recuerdas lo que son verdad? Son dos mujeres de 37 y 39 años a las que las atrae verse mutuamente teniendo sexo con hombres. Nuestro trabajo por si tienes dudas es ser esos hombres.
- Bueno, no es que me apasione pasar un rato viéndote desnudo, pero realmente parece un trabajo sencillo – No tenía ni la menor idea de lo muy equivocado que estaba.

Al llegar a un cruce vi como mi colega indicaba con su intermitente su próximo giro a la izquierda y así tomaba la salida hacia el aparcamiento de un hotel. Al ver el susodicho hotel me pareció reconocerlo pese a que mi mente no recordaba ningún trabajo allí, Algo raro había ya que sus paredes blancas y su ambientación de castillo medieval hacía que mis neuronas buscaran una información que tenían guardada en algún recóndito escondrijo cerebral, pero esa información no aparecía. Salimos de coche encaminándonos hacia el hotel, una vez dentro mi compañero fue a recepción mientras ahí solo a mi la situación me daba mala espina: primero seguía sin recordar de que me sonaba ese hotel, segundo, la cara del recepcionista también la había visto en algún lado y tercero, la ambientación era demasiado… como diría yo, amenazadora.

Ya teníamos el número de la habitación a donde ir, al ser en un primero subimos por la escalera y le comenté a mi acompañante sobre mis preocupaciones del lugar a las que me contestó evasivamente diciendo que no me preocupara, que tan solo era un lugar que regentaban unos frikis de los castillos medievales. Reconozco que lo creí hasta que estábamos andando por el pasillo y lo cogí por un hombro asustado:

- ¡¡Tío, eso ha sido un grito!!
- ¿Qué?, ¿cómo va a ser un grito? ¡tú estás mal tío!
- Yo estaré mal, pero el oído lo tengo en excelentes condiciones y eso no era Heidi trotando por el campo, más bien sonaba a la oveja siendo enculada por el abuelo, ya me dirás tú.
- Lo primero que te digo es que tienes que buscar ayuda psicológica para tus problemas con los dibujos animados infantiles, lo siguiente es que probablemente fuera la televisión de alguna habitación.
- Bueno… puede que en lo segundo tengas razón – al fin y al cabo, esta era una buena posibilidad.

Llegamos a la habitación y mi compañero picó tres veces, me dio la impresión de ser una especie de contraseña, cosa bastante habitual en nuestra profesión, así que no me extraño de ninguna manera. Sentimos como el cierre de la puerta se abría y como una voz femenina decía “Entrad ahora” de una forma que a mí me pareció un tanto imperativa.

Lo que vi dentro de la habitación me acojonó… pero mucho, mucho.

Memorias de un gigoló: capítulo 4

•18 Febrero , 2009 • 1 comentario

Capítulo 4 – Lengua viperina -

Nuevo día, nueva clienta. Enciendo mi ordenador y mientras oigo los ruidos de los ventiladores del portátil, despistadamente miro la pantalla de televisión bebiendo un sorbo de un vaso de agua hasta que de mi modorra mental transitoria me despierta el sonido de inicio del sistema operativo. Abro mi navegador de internet y me conecto al correo. Veamos:

“Señora de 65 años viuda busca contratar acompañante menor de 35 años (incentivo para 25 o menos) para fiesta de sociedad en discoteca de moda, se exige etiqueta y presencia discreta. Pago adelantado hasta fin de fiesta y crédito abierto para habitación en hotel y servicio.”

Bueeeno, mentiría si dijera que me entusiasma la idea de habitación en hotel y servicio peeero, para que te paguen mucho en este oficio es obligatorio lidiar en estas plazas tan turbias (y además leyendo incentivo he tenido hasta una pequeña erección, no lo voy a negar), asi que… “confirmar”. Medio minuto más tarde ya tengo las fotos de mi nueva clienta. La señora tiene 65 años y parece que tenga 80, estupendo. Marido muerto en extrañas circunstancias, estupendo +1 (ahora estoy acojonado). Carácter difícil de sobrellevar, estupendo +2. Ostentosa, narcisista y con más dinero del que puede gastar, estupendo +3. ¿Alguna vez habéis tenido esa sensación de que teníais que haberos estado muy quietos 30 segundo antes? Pues así me sentía yo.

Claro que ahora mismo ya no tenía arreglo así que tocaba continuar la rutina de siempre: afeitado, ducha, cuidados intensivos faciales y corporales sumada la elección de buena ropa para ir de fiesta con la alta sociedad. Reconozco que al principio no me gustaba ir a estas fiestas llenas de gente que se cree mejor que otra por haber nacido en casas de millonarios o con “sangre azul”, sin embargo, una vez que llevas tiempo en este mundo de los “hombre y mujeres de compañía” te das cuenta de que es un buen sitio para ir a ver a tus colegas de profesión.

La fiesta era en una discoteca cerrada para tal evento (reconozco que todavía no me acostumbro a la situación de entrar a una discoteca a encontrarte con una mujer 40 años mayor que tu), como siempre en estos casos fui en taxi y una vez pagada la carrera me dirigí al interior, di mi nombre (bueno, el de hoy) al portero y mientras me buscaba en la lista el relaciones públicas de la discoteca venia apresuradamente para dejarme pasar, evidentemente no creo que pensarais que era la primera vez que yo iba a trabajar allí. La situación en el interior era de lo más normal en estos casos, la pista de baile a oscuras con tonos azulados y violáceos por los que de vez en cuando pasaban láseres verdes y rojos haciendo mil figuras distintas que se reflejaban por el suelo, las paredes y las personas que se movían al ritmo de la música (o que por lo menos lo intentaba). En la parte superior había otro piso reservado normalmente a la clientela vip con mesas y sillones grandes para sentarse a beber y a consumir sustancias ilegales, quedando más apartada una zona mucho más oscura en la que solo había sillones a donde la gente ni va a beber, ni va a consumir sustancias ilegales.

El ambiente no estaba mal, claro que en una reunión de gente en que la mitad no es capaz de calcular su patrimonio y la otra mitad está alquilada por esa noche tanto para amenizar el local o como compañía (éste era mi caso), no es muy difícil imaginar que lo que se puede ver en una situación así es a personas asalariadas (muchas entradas en años) rodeadas de gente muy hermosa y en algunos casos bastante joven (normalmente esto es indirectamente proporcional a la edad de su arrendatario) con muchas ganas de recibir una sustancial paga, sobra decir que usualmente la reciben (a veces con buenas propinas).

Miré por todo el local mientras me dirigia al piso superior pausadamente. Por intuición (y por experiencia) sé que allí es donde  suelen quedarse mis clientas, sobre todo a edades mayores: apoyadas en la barra poniéndose hasta las trancas de Martini. Esta vez al verla reconozco que me di cuenta de que me equivoqué, era ginebra lo que bebía mi clienta. Aquí empieza el momento estelar de la noche:

- Oye niñato,  ¿qué haces ahí como un idiota? ¿no tienes hora para llegar a casa o qué? – empezamos bien…
- Creo que a usted le gustará mi compañía – solté amablemente.
- ¿Para qué? ¿qué pasa que te recuerdo a tu abuela? La juventud de ahora sois todos unos gilipollas – venga va, llego 10 minutos antes de la hora y la señora ya está borracha perdida, esta noche va a ser muuy larga… y yo ya entiendo que le ha pasado al marido: suicidio por estrés.
- ¿Sabes? En mis años teníamos respeto por nuestro mayores, no como ahora que sois una panda de desalmados irresponsables. – continuó su discurso – Ahora solo pensáis en follar como conejos – bueno, aquí reconozco que tenía razón – y drogaros sin ningún sentido hasta acabar hechos una mierda, sois la escoria de la sociedad – claro, estar de alcohol hasta las trancas es saludable al 100%, y las mil pastillas que probablemente se meta al día para “los dolores y achaques de la edad” son básicamente salud. Ante este recital, yo guardaba silencio, pero había  una duda que me asaltaba ¿para qué coño quería esta señora a un hombre menor de 35 años? ¿para forrarlo a ostias?.
- Bueno, todos los jóvenes no somos iguales, ¿no cree? – intenté calmar la conversación.
- Si, hay algo igual en todos vosotros: ¡¡sois todos unos hijos de puta!! – vale, hasta aquí hemos llegado, plan b en marcha.
- Señora, usted es una hipócrita. – Hala, directo al hígado y sin contemplaciones.
- ¿Queeeeeee? – creo que hasta se le bajó la tajada con el comentario.
- Pues si, es usted una hipócrita que habla sobre los jóvenes de ahora y suelta todo lo malo que podemos tener, sin embargo me alquila a mí para que le dé un meneo y un revolcón. ¡Y además exige que sea un veinteañero perteneciente al grupo que tanto critica!, si está usted tan convencida de lo que dice ¿por qué no se alquila un cuerpo de 50 años? Tengo compañeros que la harán disfrutar mucho. Por otra parte, ¿sabe que le digo? que me suda la polla lo que pueda decir, yo he venido a trabajar y bastante hago con aceptar acercarme a usted más de 1 metro ya que en condiciones normales no la tocaría ni con un palo. Puede seguir ahí emborrachándose todo lo que quiera o me puede comer la polla ahí detrás que usted paga mi tarifa y a mí me da lo mismo.

Ahora era cuando me iba a dar la vuelta para irme (salvándome del bofetón si había suerte) y pensar durante el camino de vuelta que disculpa iba a dar mañana a la agencia de una clienta tan descontenta soltando de todo sobre mi, sin embargo no me dio tiempo a girarme cuando ella me dijo:

- Prefiero comerte la polla, vamos a aquella zona – aquí la tajada se me hubiera bajado a mí, me cogió y me llevo hasta oscuridad adornada de sillones de la discoteca.

Una vez allí me desabrochó los pantalones y empezó con maestría (todo hay que reconocerlo) su elegida labor de succión. Lo bueno de estar en un sitio con tanta oscuridad es que apenas ves quien está lamiendo con fruición tu miembro (y en estos caso la imaginación es necesaria así como no lo son los escrúpulos) y sin embargo tu si puedes ver a las personas que están en la luz. Por lo tanto ahí estaba yo, sentado con los pantalones desabrochados mientras una señora que podría ser mi abuela se partía el alma para hacer que tuviera un orgasmo. En esa situación me di cuenta de que en ese estado ella no iba a hablar así que me relajé para asegurar de que ella tuviera trabajo para un buen rato y me entretuve mirando al resto de panorama discotequero. Las imágenes que se veían desde mi posición eran de lo más habitual, los grupos de hombres que miran a todas las mujeres como si fueran ganado y los grupos de mujeres que hacen lo mismo con los hombres, sin embargo, para estas últimas los animales a comparar suelen ser cerdos, aunque siempre hay excepciones. Así me entretenía hasta que enfrente de mi vi a una pareja teniendo un sexo descontrolado. Normalmente en estos sitios la gente, pese a no cortarse especialmente suele usar posiciones como la sedestación (el hombre sentado y la mujer encima) llegando en tal caso a “la andrómaca” (el hombre echado y la mujer encima a horcajadas) sin embargo la pareja estaba de pie con la  chica apoyándose en el sillón don sus brazos, doblando su cintura y una rodilla apoyada en el sillón mientras él la penetraba furiosamente desde atrás. Al verlos reconozco que me excité. Un momento después cambiaron de posición y pude ver la cara de pasión de la chica y los brillos del sudor por su desnudo y bello cuerpo. En mi menté imaginé los gemidos y jadeos que podía estar expresando en ese momento e incluso me imaginé acercándome para que la boca de esa preciosa mujer terminara lo que había empezado mi anciana clienta. Estos pensamientos fueron los que hicieron que tuviera un orgasmo en ese preciso instante.

Me alegré de no haber dicho nada que se pareciera a: “no te preocupes, que yo te aviso” (claro que a esta señora sinceramente tampoco la iba a avisar) sin embargo mi clienta se levanto con la cara de la satisfacción de un trabajo bien hecho, se limpió la cara con un clínex que sacó de su bolso y me ofreció otro para limpiarme yo mismo. Se fue al baño a retocarse mientras yo me limpiaba y empecé a pensar cómo iba a hacer para largarme de allí ya que el supuesto de que la señora utilizase su crédito y nos fuéramos a un hotel era una idea que me producía una congoja bastante elevada (de hecho me acojonaba muchísimo y me asqueaba otro tanto), sin embargo ella llego, me dio un billete de 500 euros y me dijo:

- Ha estado bien, volverás a saber de mi, coge el billete, tomate algo lejos de mi vista y lárgate pronto sin volver ni a mirarme.

No hay que decir que le hice caso punto por punto.

… y mañana será otro día… y otra clienta…